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SOCIALIZAR AL PERRO: HACIENDO AMIGOS

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Todos queremos que nuestra mascota se lleve bien con otros perros, con las personas y que no tenga miedo a nuevas experiencias, pero no siempre es así. Algunos perros muestran conductas problemáticas como ansiedad, miedo o agresividad que, en muchas ocasiones tienen una causa común: una inadecuada socialización.

El periodo más sensible: la impronta

Las experiencias y las relaciones que pueda tener un perro durante su infancia afectan de un modo decisivo en su futuro desarrollo y en su comportamiento. Pero hay un periodo de tiempo determinado de socialización (también llamado impronta o imprinting), durante el cual, el ambiente tiene un efecto muy intenso y duradero. Todo lo que aprenda o experimente el cachorro en esa etapa no lo olvidará nunca, sobre todo si han sido experiencias traumáticas. Este periodo de socialización comprende desde las tres a las 12 semanas de vida y es cuando el cachorro descubre realmente el mundo que le rodea.

La impronta en el perro ocurre entre la tercera y la duodécima semana de vida del cachorro, siendo su periodo más critico entre la quinta y la octava semana. Posteriormente, las experiencias que viva nuestra mascota también le afectaran de modo importante, pero no de forma casi irreversible como ocurre en el periodo sensible. Es importante conocer esto porque hay que cuidar mucho la forma en que el cachorro experimenta los nuevos estímulos que va descubriendo en el día a día. Por ejemplo, si durante su infancia es mordido o atacado por otro perro, puede que a partir de ese momento se convierta en un cachorro miedoso o, ya de adulto, muestre agresividad hacia otros perros. Pasa lo mismo con las personas. Es muy importante que conozca todo tipo de personas: mujeres, niños, personas mayores, y procurar que sus primeros contactos con ellas sean todos lo más agradable posible.

La vida social de un bebé perro.

Lo normal es que durante los dos o tres primeros meses de vida, el cachorro sólo conozca a su madre, sus hermanos y poco más. Está en un entorno seguro, con su familia canina, pero de repente -generalmente a los tres meses -, lo sacamos de su ambiente y lo llevamos a nuestro hogar. Con la mejor intención, lo cogemos en brazos, le hablamos en un idioma desconocido para él y lo trasladamos a un entorno totalmente desconocido: nuestra casa. ¿Os imagináis si nos pasará a nosotros?

Probablemente, el veterinario nos habrá recomendado (y con razón) no sacarle de casa hasta que le hayan aplicado todas las vacunas para que no pueda infectarse de ningún virus. Durante varios días, lo más habitual es que nuestra mascota viva en nuestro hogar relacionandose con nosotros y con nadie más. En este tiempo, para él cachorro sólo existirá nuestra familia y su entorno. Todas sus experiencias se basarán en eso. Pero podemos hacer algo más.

Lo desconocido provoca miedo

Para el perro, visualmente, son muy diferentes un perro, una persona mayor, un joven o un niño. También los sonidos de la ciudad, el trafico, los ruidos de las típicas obras y otras cosas a las que nosotros ya nos hemos habituado, son estímulos con lo que se va a encontrar nuestra mascota en distintos momentos de su vida.

Los perros discriminan y guardan en su “disco duro” los diferentes entornos, sonidos y olores que pueda apreciar para luego reconocerlos, analizarlos y actuar en consecuencia. Pero si solo conoce los estímulos de su hogar, las personas que son su familia y los sonidos y olores que existen en su ambiente, puede ocurrir que cuando comience a salir a la calle todo lo desconocido que vea, huela u oiga le puedan asustar. Y lo que no se conoce puede causar miedo y estrés. Hay que tener en cuenta que todos los animales evitan lo desconocido y si es necesario, se muestran agresivos hacia algo que pueda parecer una amenaza, para alejarla.

El aislamiento o la falta de experiencias con otros perros y/o personas puede hacer que nuestra mascota se convierta en un animal insociable con los consiguientes problemas de conducta, pero también debemos tener en cuenta el ambiente, ya que en ocasiones, el perro puede asociar un estimulo que le asusta con la presencia o cercanía de otro animal o persona. Por ejemplo: si mientras está saludando a una persona, de repente suena un petardo cerca que le asuste, puede asociar la acción de saludar con el terrible ruido que ha explotado a sus pies. Y si durante la primera salida al parque para jugar con otros amigos perrunos, están haciendo obras con el consiguiente ruido que eso produce, puede que cada vez que se acerque al parque se muestre ansioso y todos los elementos que hay en él lugar los vea como una amenaza, incluso al relacionarse con otros perros del parque.

¿Cómo conseguir el mejor amigo de las personas?

Aunque hay que hacer caso a nuestro veterinario y para evitar contagios no debemos pasear con el cachorro hasta que no tenga todas las vacunas, es importante llevarlo en brazos de vez en cuando a la calle para que vea gente nueva cada día. Así se acostumbrará a los nuevos olores y sonidos e intentaremos que cuando se acerque alguien a saludar a esa preciosa “bolita de pelo”, trataremos que lo haga con suavidad y sin asustarlo.

La socialización con las personas depende sobre todo de estímulos visuales, por lo tanto hay que tener en cuenta que la imagen de un niño es muy diferente a la de un adulto, la de una mujer de un hombre e, incluso la visión de una persona con uniforme o llevando un casco o una gorra, también son distintos a los ojos de un perro. Es importante que nuestra mascota tenga contacto con todo tipo de gente y que las interacciones sean siempre lo más positivas posibles. Y sobre todo hay que prestar atención a la relación con los niños.

Los niños, desde el punto de vista del perro son como pertenecientes a una especie distinta: se mueven más rápido e impulsivamente, hablan distinto y con una voz más aguda, gritan, hacen aspavientos y siempre llevan algo en la mano o tienden a coger lo primero que encuentran. Y aunque lo hacen con la mejor intención, su forma de saludar a un perro es casi agresiva. El cachorro puede interpretar todos estos gestos como una amenaza. Además, los niños no huelen como los adultos y para cualquier cachorro inexperto es difícil identificarlos como cachorros humanos.

Los primeros contactos de nuestro cachorro con personas adultas o niños ha de ser siempre agradables, sin sustos ni malentendidos. Por eso es importante que el acercamiento sea muy tranquilo. La mejor forma de hacerlo es dejando que sea el perro el que inicie la relación. Un truco que utilizo mucho en la calle cuando llevo a un perro tímido o miedoso y se acerca un niño a saludarle es el siguiente: antes de que se acerque de forma impetuosa, le digo al niño que el perro sabe hacer el truco de dar la pata y que si se agacha y le tiende la mano con una galleta, lo podrá ver. De esta manera, es el perro el que decide si se acerca o no. Alzar la mano y bajarla hasta su cabeza para acariciar, el perro puede verlo como un ataque frontal y desde arriba.

También es importante que en los primeros paseos con nuestra mascota intentemos llevarlo por lugares tranquilos y no muy transitados para, progresivamente, introducirlo en sitios más concurridos. No es una buena idea llevar a un cachorro en su primera salida a la salida de un colegio.

Las personas mayores también son algo diferentes para los perros. Porque sus gestos son más pausados, su forma de caminar es distinta y algunos ancianos llevan bastón, un objeto que al perro puede parecerle una extensión muy rara del brazo de un humano.

Si estamos un poco atentos a las interacciones de nuestro cachorro con todo tipo de personas y además le proporcionamos un gran número de buenas experiencias con ellas, tendremos a un verdadero “amigo del hombre”.

Haciendo amigos perrunos

La socialización entre perros, al ser de la misma especie y por lo tanto sin problemas para comunicarse, debería ser más fácil. Pero a veces, inconscientemente lo complicamos.

Todos los perros tienen un protocolo de señales para saludar a otro perro sin que haya ningún peligro de pelea. Cuando nuestro cachorro se encuentra con un perro adulto pueden ocurrir tres cosas: que se lance a saludarle de forma muy efusiva y tirando de la correa, que recule asustado por la presencia del mismo -quizá tras un gruñido-, o que se saluden de manera perruna: se olisqueen mutuamente el trasero para conocerse para después interactuar, o que uno ignore al otro.

En todos los casos debemos saber ayudar a nuestro perro a que haga amigos y la mejor forma de hacerlo es no intervenir demasiado. Los perros saben comunicarse entre ellos y que hacer en cada momento y es raro que haya un conflicto si no existe una variante: nuestra actitud.

Por ejemplo, cuando algunos dueños de perros pasean con su cachorro y ven a otro perro adulto, a veces intentan evitar el acercamiento y se muestran nerviosas por lo que pueda ocurrir. Suelen coger el cachorro en brazos para protegerle pero ¿Protegerle de qué? ¿De hacer un nuevo amigo? ¿Que se relacionen dos animales de la misma especie?

Lo que debemos hacer para socializar adecuadamente a nuestra mascota es presentarle a otros perros equilibrados pero dejando que entre ellos se comuniquen. Es perfectamente normal que, si un cachorro se abalanza sobre un perro adulto, éste gruña o le de un revolcón porque es muy molesto, y esa experiencia le servirá al cachorro para ir con más cuidado la próxima vez.

¿Se puede socializar a perros adultos?

Los perros adultos también pueden habituarse a las nuevas experiencias, aunque normalmente les lleva más tiempo. Existen muchos casos de mascotas que no han sido socializadas correctamente y muestran miedo y agresividad hacia personas o perros. La mayoría de estos animales han permanecido aislados durante su infancia o sus dueños no han sabido ayudarles a hacer amigos, pero se puede arreglar.

En estos casos, lo mejor es dejarse asesorar por un profesional del comportamiento canino. No es muy difícil de solucionar, pero es necesario que un educador canino explique a los dueños como deben actuar en cada momento con su perro.

El mayor problema que nos podemos encontrar con los perros adultos insociables es que además de manifestar timidez o ansiedad, pueden mostrar agresividad hacia personas o perros desconocidos. Quizá por miedo o por autodefensa pero, si no se soluciona, puede acarrear muchos problemas de convivencia.

Para corregir este problema primero hay que identificar la causa de su falta de sociabilidad y a partir de ahí, trabajar con el animal. Si conseguimos que haga un amigo perruno o que se lleve bien con una persona desconocida ya hemos ganado mucho: el perro puede generalizar que ni todos los perros extraños ni todas las personas desconocidas son una amenaza. Con tiempo y paciencia cualquier perro puede ser un amigo sociable. Se trata de empezar de nuevo, como si fuera un cachorro, pero hay que procurar eliminar los prejuicios que pueda tener el perro.

Cuantas más experiencias haya acumulado un perro durante su crecimiento, más se fortalecerá su carácter y si estas experiencias son positivas, más rápido hará amigos perrunos y humanos. En el caso de la insociabilidad de perros adultos, aunque cueste más, puede solucionarse con paciencia y cariño y sobre todo, buenas experiencias.

Javier R. Batallé

EN PRIMAVERA, CUIDADO CON EL CALOR

Publicado en Pelo Pico Pata nº 101 - Marzo 2014

Ha llegado el verano y por lo tanto el calor. Es el momento de cambiar nuestro vestuario. Guardamos la ropa de invierno y nos vestimos con algo más ligero y fresco. De esta forma conseguimos aplacar el fuerte calor de la época estival, pero los perros continúan con su mismo traje: su piel y su pelaje.

Formas distintas de combatir el calor
Al contrario que las personas, los perros son expertos en mantener el calor pero muy malos para deshacerse de él.

A diferencia de los fríos días de invierno, cuando podemos ponerles un abrigo para sacarlos a pasear, en la época de mucho calor debemos tener en cuenta que nuestra mascota no siente el buen tiempo como lo sentimos nosotros. Los perros sufren las consecuencias de las altas temperaturas tanto o más que nosotros.

Hay que tener en cuenta que la temperatura corporal del perro es distinta a la nuestra. Mientras que nuestra temperatura media es aproximadamente de 36 grados y medio, la del perro oscila entre los 38,5 y 39 grados.

Además, nuestro organismo combate el calor de forma muy distinta a la de nuestra mascota. Mientras que las personas podemos enfriar nuestro cuerpo por medio del sudor, los perros no están provistos de las mismas glándulas sudoríparas como las nuestras, por lo que tienen que regular su temperatura corporal mediante el jadeo. De esta manera -abriendo la boca- la saliva se evapora de forma semejante a la transpiración humana. Los perros sólo pueden sudar a través de las almohadillas plantares y no a través del resto del cuerpo.

Si nos fijamos atentamente en nuestro perro cuando hace calor, podremos ver como de vez en cuando se lame la nariz. El objetivo es humedecer para buscar la evaporación y así, el descenso de la temperatura. También podemos observar que algunos perros, cuando el calor aprieta, dejan huellas de sus patitas por el suelo de casa. Es la consecuencia de sudar por el único lugar donde pueden hacerlo.

Las razas que más sufren el calor
Los perros de razas grandes, al poseer un mayor volumen y superficie corporal, tienen más dificultad para eliminar el calor. Teniendo en cuenta que sólo pueden sudar por las patas suelen pasarlo bastante mal durante la época estival. También los perros de morro chato, como los boxers, carlinos, bulldogs o pekineses, que suelen tener problemas de respiración, son animales que sufren con más intensidad cuando el calor aprieta.

Mucha gente piensa que cortando el pelo a su mascota conseguirá que esté más fresca y le ayudará a soportar las altas temperaturas, pero no es del todo cierto. Para los perros con un pelaje que crece de forma continuada que no suelen perder pelo si que es una buena opción, pero no debemos cortar el pelo a perros de razas que mudan como por ejemplo el pastor alemán o el husky. Todos estos animales poseen un pelaje que les aísla del frío, pero también del calor. Pasarles la maquina de la peluquería es hacerles una faena.

LOS PELIGROS DEL CALOR

Los molestos bichitos
Todo el mundo sabe que cuando llega el verano y las temperaturas aumentan, también lo hacen las pulgas, las garrapatas y los peligrosos mosquitos que hostigan a nuestras mascotas. Aunque todos los parásitos son peligrosos y su picadura puede causar diversas enfermedades, el mosquito de la leishmaniosis (flebótomo) es quizá el más peligroso. Aunque en un principio sólo actuaba en la zona mediterránea, últimamente está reproduciéndose de forma alarmante por toda la península ibérica. La picadura de este mosquito puede causar la muerte a la mayoría de perros que no reciban tratamiento, generalmente de por vida.

Pero en todas las clínicas o consultas veterinarias y tiendas especializadas de mascotas existen una gran variedad de antiparasitarios para prevenir y eliminar los molestos parásitos. Podemos elegir entre collares, pipetas, sprays, pastillas o champús.

El terrible “golpe de calor”
El golpe de calor es un accidente que desgraciadamente ocurre con mucha frecuencia en la época estival.

Cómo ya hemos dicho antes, la temperatura corporal del perro oscila entre los 38,5 y 39 grados. Si el cuerpo de muestra mascota llega a superar los 42 grados o menos pero con un nivel de humedad alto, se produce el fatal golpe de calor. El animal sufre la pérdida de glucosa y sales minerales, y un aumento del ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria. Esta situación puede llegar a causar una muerte fulminante. Los síntomas más visibles cuando se produce, son jadeo exagerado, tambaleo, negativa a moverse y temblores musculares.

Hay que evitar que este accidente ocurra porque la consecuencia suele se fatal, y la prevención es el mejor método para que no se produzca. Algunas medidas que debemos tomar cuando hace mucho calor son las siguientes:
 
- ¿Quién no se ha sorprendido al intentar entrar en su coche después de dejarlo aparcado bajo el sol? Es imposible entrar, parece un horno, y debemos esperar unos minutos con las puertas abiertas, hasta que se enfríe un poco. Por lo tanto, nunca debemos dejar al perro confinado en un lugar cerrado y sin ventilación. Dentro del coche -aunque sea con las ventanillas semibajadas-, en menos de 15 minutos la temperatura en su interior puede alcanzar los 50 grados y provocar la muerte del animal por un ataque de calor.

- Los parkings cerrados y las bodegas de los barcos también son muy peligrosos. Aunque podamos pensar que al estar cubiertos, no les da el sol, la acumulación de humedad y calor en estos lugares es muy importante.

- Los cachorros y los perros de edad avanzada son más propensos a sufrir un schok. Los primeros por tener el sistema inmunológico inmaduro, y los animales mayores al no poder mantener una temperatura corporal adecuada con la misma facilidad que un perro joven.

- Hay que tener siempre disponible agua fresca y limpia, y mojarle asiduamente la cabeza y la barriga, ya que son dos de las zonas menos protegidas. También debemos tener en cuenta que, con el calor, los perros beben mucha más cantidad de agua para hidratarse y una consecuencia de ello es que tendrá más ganas de salir a hacer pipí.

- No dar largos paseos bajo el sol con los perros. Adecuar los horarios de paseo con juego y ejercicio a primera hora de la mañana y última de la tarde. Algunos perros no son conscientes que han de parar de vez en cuando a descansar tras un periodo de ejercicio. Debemos detener el juego si vemos que jadea demasiado o hace mucho calor para seguir haciendo ejercicio.

- Los perros de manto negro, absorben más calor que los perros de piel o pelaje claro, y sufren más cuando están expuestos al sol.

- Si el perro lleva bozal, éste debe ser lo suficientemente amplio para que pueda sacar la lengua.

En el caso que se produzca un golpe de calor debemos actuar rápidamente, Estos serían los pasos a seguir:

1.- Intentar bajar la temperatura corporal del animal llevándolo a un sitio fresco y aplicar frío en las zonas más sensibles como la cabeza, cuello, inglés y axilas.

2.- Mojar al perro con agua no demasiado fría y humedecerle la boca sin obligarle a beber.

3.- Llevarlo con urgencia al veterinario.

El asfalto de la ciudad: Un infierno para los pies
Nosotros vamos calzados, pero los perros no. ¿Alguien ha probado a pasear por la calle de una ciudad a pleno sol descalzo? Nos quemaríamos los pies. Pues lo mismo le pasa a nuestra mascota, y además, ese intenso calor que irradia el suelo, también afecta a su barriga, pues está muy cerca del asfalto, y en ocasiones -sobre todo en los cachorros- este calor puede producirle desarreglos digestivos.

Por lo tanto, no debemos extrañarnos que nuestro perro cambie su comportamiento cuando suben las temperaturas y lo sacamos a pasear en horas de mucho calor. Es muy posible que observemos conductas no habituales como por ejemplo que camine más rápido y tire de la correa hacia la sombra, se niegue a seguir caminando y se resista a tumbarse o a sentarse en el suelo, ni aunque se lo ordenemos.

Siempre es agradable pasear con nuestro fiel amigo un día soleado, sobre todo en la época estival, pero debemos ser conscientes que los peligros que el calor puede entrañar y vigilar un poco más sus reacciones.

Javier R. Batallé

LA IMPORTANCIA DE ADIESTRAR A UN PERRO

Publicado en Pelo Pico Pata nº 104 - Junio 2014

La mayoría de perros que conviven con nosotros tienen la única función de animales de compañía. No son perros trabajadores y no han de ser adiestrados para aprender los distintos ejercicios que pueda requerir ejercer su trabajo. Pero aún así, para una buena convivencia, es importante enseñarles unas pocas órdenes que deberían cumplir.

¿ES LO MISMO EDUCAR QUE ADIESTRAR?
El adiestramiento de un perro no es lo mismo que su educación. Pero ambas acciones están muy relacionadas.

Educar a nuestra mascota significa por ejemplo, enseñarle que haga sus necesidades en un lugar adecuado, que no robe cosas de la mesa o de la cocina, que no muerda objetos de la casa, que no se suba encima de la gente para saludar, que no rasque la puerta, o que no ladre continuamente.

Adiestrar es simplemente conseguir que nuestro perro aprenda determinadas conductas y habilidades: con una serie de órdenes, un poco de paciencia y una actitud positiva, podemos condicionar a nuestra mascota a efectuar unos pocos ejercicios que nos ayudarán a crear un mejor vínculo con el animal.

¿Y qué tienen que ver la educación con el adiestramiento? Pues que en muchos aspectos de la educación de nuestro perro el adiestramiento es, aunque no indispensable, si muy importante. Por ejemplo: para educar al perro a que no pida en la mesa, podemos enseñarle a que en el momento en que estamos comiendo, se mantenga tumbado en un rincón, obedeciendo una orden; para evitar que se suba encima de la gente para saludar, lo educaríamos a que a la voz de “SIÉNTATE” se espere sentado a que le saluden a él. Y así con otros problemas de conducta que pueda manifestar el can en la convivencia diaria.

LAS VENTAJAS DEL ADIESTRAMIENTO
Las ventajas de adiestrar a nuestro perro son muchísimas. Pero hay que hacerlo bien. Aunque no es difícil, hay que tener mucha paciencia, un gran control de nuestros actos y conocer perfectamente la forma de comunicación canina. Por eso es una buena idea contar con la ayuda de un profesional del comportamiento canino.

Los buenos adiestradores, además de conocer todas las técnicas necesarias para conseguir que el perro ejecute las acciones deseadas, tienen un control absoluto de cómo y cuando dar la orden, saben ayudarse de gestos, cuando hay que premiar o no al perro, y en que momento acabar la sesión de trabajo. Además conocen perfectamente el lenguaje canino y pueden comunicarse perfectamente con el animal.

El adiestramiento de un perro es muy importante para la convivencia en la vida diaria. No es agradable intentar pasear con nuestra mascota mientras tira continuamente de la correa, ni estar sufriendo para que no moleste a la gente mientras entramos en una tienda a comprar algo y lo dejamos fuera. Y que decir del perro que soltamos y tardamos una eternidad en cogerlo para volver a casa porque no acude a la llamada.

Enseñar al perro a efectuar una serie de conductas deseadas consigue también la posibilidad de establecer un código de comunicación que él puede entender. Con cuatro órdenes básicas podemos “explicar” a nuestra mascota qué es lo que queremos de ella: que acuda cuando le llamamos, que se siente, que se tumbe, que camine a nuestro lado, o que deje de hacer algo que esté haciendo porque no es adecuado.

EJERCICIOS BÁSICOS PARA ENSEÑAR
A cualquier perro se le puede adiestrar a que deje de ladrar cuando le digamos, o al contrario, que ladre a una orden; a que vaya a buscar un objeto que le lanzamos y traerlo; a que de vueltas, que salte, que nos de la patita, que se ponga a dos patas, etc. Nuestra mascota puede aprender a ejecutar numerosos ejercicios pero hay cuatro que son básicos para su adaptación a nuestra sociedad: “Acudir a la llamada”, “caminar a nuestro costado”, “sentarse” y “tumbarse”.

El aprendizaje de estos cuatro ejercicios y la enseñanza de dos voces más -una palabra de liberación de la orden y el comando “NO” (para que deje de hacer lo que esté haciendo), nos permitirá tener un control absoluto sobre nuestro perro. Esto no significa que el animal deba estar siempre bajo nuestras órdenes. La realización de estas conductas por parte del perro, con el tiempo, condicionará a éste a manifestar los comportamientos aprendidos sin necesidad de una orden. El perro las suele hacer porqué sencillamente le sale bien hacerlas.

Para que venga cuando le llamamos no sólo hay que premiarle cada vez que acuda. Es también muy importante evitar reñirlo después de llegar a nuestro lado, aunque se haya portado mal instantes antes. Para que el perro camine a nuestro lado hay que convencerle que eso es lo mejor para él: podrá ir a donde quiera llegar sin tensión en el cuello, le premiaremos por ello y podrá caminar sin ahogos. Para mantenerlo sentado o tumbado, debemos demostrarle que es una situación temporal, de poco tiempo. Hay que tener en cuenta que la enseñanza de las posiciones estáticas (sentado o tumbado) no son naturales en el perro, a menos que esté cansado o durmiendo e imponer a un cachorro que se mantenga totalmente quieto es algo difícil.

LAS ÓRDENES EN EL ADIESTRAMIENTO
Muchos adiestradores usamos palabras en otros idiomas diferentes al castellano para dar órdenes a los canes cuando queremos que aprendan nuevos ejercicios. Mucha gente puede pensar que es algo muy “snob”, pero la realidad es que las utilizamos para que los perros comprendan mejor lo que queremos que hagan.

Hay dos razones muy importantes por las que preferimos adiestrar al perro en otro idioma:
En primer lugar, las órdenes en alemán o inglés, por ejemplo, son palabras monosílabas y el sonido de cada una de ellas es muy diferente, por lo que el perro puede distinguirlas mejor. La ventaja del alemán es que cada una de las órdenes básicas de las que hemos hablado anteriormente se pronuncia con cada una de las cinco vocales: La A en “Platz” (tumbarse), la E en “Bleib” (quieto), la I en “Sitz” (sentarse), la O en “Kome” (venir), y la U en “Fuss” (caminar al costado).

Por otra parte, la utilización de palabras en otros idiomas consigue que seamos más conscientes de que al pronunciarlas, nos dirigimos específicamente a nuestro perro para que realice la conducta que deseamos. Cuando usamos órdenes en nuestro idioma, muchas veces utilizamos expresiones distintas para pedirle lo mismo. Sin darnos cuenta, podemos pedir a nuestra mascota que se siente de formas muy diferentes. Por ejemplo: “Sienta”, “Siéntate”, “Sentado” “¡Que te sientes!”. Si tenemos aprendido que la palabra “SIT” o “SITZ” es una palabra exclusiva para el perro, la comprensión será mejore. Lo demás es parecido a intentar que aprenda varios idiomas.

Las órdenes en otros idiomas nos permite además que las órdenes que damos al animal no se gasten tanto en la vida diaria. Pensemos por un momento la típica situación de cuando viene un amigo de visita a casa y le decimos “Siéntate”. Quizá el perro (aunque no sea tonto) la escuche, se siente y compruebe que tras su actuación no hay consecuencia, o peor, lo ignoramos sin querer. Esa orden se va gastando y el perro va perdiendo el aprendizaje.
Y hay dos órdenes o palabras muy importantes que la mayoría de gente no utiliza o no lo hace adecuadamente: la orden de “liberación” o “recreo”. Y la orden “NO”:

Con respecto a la orden de “liberación”, muchas veces le ordenamos al perro que se siente, él lo hace...y nos olvidamos de él. ¿Que es lo que pasa? Que el pobre animal se levanta -harto de mantenerse quieto y sin hacer nada- y por lo tanto desobedece. Con el tiempo, aprende a desobedecer porque él mismo se libera cuando quiere. Siempre hay que liberar al perro de un ejercicio antes que lo decida él.

Y la orden “NO” ha de ser la palabra que usemos para que el perro deje de hacer cualquier cosa que esté haciendo en ese momento.. Después de el “NO” es necesario explicarle lo que queremos que haga.

La entonación que damos a las órdenes también es muy importante:
Habitualmente, cuando nos dirigimos a un perro de forma amistosa solemos expresarnos en un tono agudo, de falsete, de la misma forma que lo haríamos con un bebé. Los tonos altos hacen que los perros reaccionen bien ante el emisor del mensaje. En parte, porque los perros distinguen el habla dirigido a ellos de otros sonidos y porque saben que los tonos bajos –como los gruñidos-  suelen ser una expresión de amenaza. Esta es una de las razones por la que todos los perros acuden mejor y con más rapidez a las llamadas hechas en tono agudo que a las de tono grave.

Por lo tanto, ajustar el tono de nuestra voz cuando nos comunicamos con nuestro perro es muy importante. Es típico escuchar a muchos dueños de perros decirle la misma orden a su perro en varios tonos distintos de forma consecutiva. Algunas personas empiezan con un tono agudo y amistoso que va derivando -dependiendo de si el animal obedece o no- en un tono cada vez más grave y terminando alzando la voz en exceso. Lo que hacen es confundir al perro. Cada palabra con un tono de voz diferente es, para el perro, una palabra diferente. Los perros pueden aprender a entender los sonidos, pero no pueden llegar a captar el significado de las palabras.

A la hora de pronunciar las palabras elegidas, también es muy importante hacerlo siempre de la misma manera. No hace falta levantar la voz ni gritar. Acostumbrar a nuestra mascota a que obedezca hablándole en voz bajita, nos da la opción de poder alzar la voz en alguna situación problemática como por ejemplo, que vaya a cruzar una calle por donde pasen coches y queramos pararlo. Debemos recordar que el oído del perro es mucho más fino que el nuestro.

Para adiestrar a un perro correctamente es necesario que exista un vínculo y una relación de confianza entre nosotros y el can y, a su vez, el adiestramiento nos permite crear un código de comunicación con el animal que consigue que nuestra relación con él sea aún más gratificante.

Javier R. Batalle

¿PERRO O GATO? ¿CUÁL ES TU MASCOTA?

Publicado en Pelo Pico Pata nº 105 - Mayo 2014

Los gatos y los perros son las mascotas favoritas de la mayoría de la gente y cada vez en más hogares es fácil encontrarse con uno de estos animales. Pero no es lo mismo convivir con un gato que con un perro. Son muy distintos y por lo tanto, la convivencia con cada uno de ellos también es diferente.

COMPORTAMIENTOS DISTINTOS
Los perros y los gatos pertenecen a dos especies distintas, pero ambos son animales carnívoros. Esto es un hecho muy importante, ya que son los únicos animales carnívoros que han podido ser domesticados para la convivencia con el hombre.

En la actualidad, la gran mayoría de perros y gatos son utilizados como animales de compañía, ya que se han adaptado muy bien a la sociedad humana y a convivir con las personas. Pero esto no quiere decir que su forma de comportarse sea muy parecida. Ambas especies son cazadoras, territoriales, juguetonas y pueden convivir con los humanos sin problemas, pero es quizá en la relación que mantienen con nosotros donde podemos encontrar más diferencias.

Todos los perros y gatos, aunque tienen resuelto el tema alimenticio, no han perdido su instinto cazador. A las dos especies les gusta cazar o jugar a cazar, pero lo hacen de forma muy distinta. Mientras que el perro es un cazador social (de sus ancestros los lobos le viene la capacidad y destreza de cazar en grupo), el gato, por lo general, es un cazador individual: caza solo y sin ayuda de otros. Además, los gatos, sólo cazan o juegan a cazar animales u objetos más pequeños que él. El perro, sin embargo, puede lanzarse tras cualquier animal u objeto de gran tamaño sin pensárselo. El instinto de predación de ambos actua de la misma manera: perseguir lo que se mueve, pero para el gato el tamaño importa. Es por eso que las presas favoritas de estos felinos sean pequeños ratones, lagartijas y pajaritos que pueda encontrar en su entorno.

Los dos animales tienen un instinto territorial muy desarrollado, pero en el gato es más marcado. La costumbre de los gatos a encaramarse a lugares altos, como el respaldo del sofá u otros muebles es debido al intento de controlar desde una buena perspectiva su territorio.

El problema principal del comportamiento territorial es que los felinos son mascotas que no suelen salir al exterior y por lo tanto, su territorio es nuestro hogar. Los perros, en cambio, al tener que salir a la calle para pasear varias veces al día, disponen de un territorio más amplio, y la marcación con orina en farolas u otros lugares fuera del hogar no es una conducta problemática. Los gatos machos, si no están castrados, pueden llegar a llenar la casa de orines para marcar su territorio, sobre todo si huelen la presencia de una hembra en celo o se encuentran con olores extraños. Es por eso que la castración de los gatos es una opción muy valida para evitar problemas de higiene en el hogar.

La conducta sexual de ambas especies también difiere en un aspecto muy importante. Mientras que las perras tienen el celo dos veces al año, muchas gatas son activas sexualmente todo el año, lo que hace que puedan tener varios “Romeos” maullando y acechando bajo su ventana. Además pueden quedarse embarazadas en cualquier momento.

En la convivencia con las personas, las diferencias de conducta son más notables. El perro pertenece a una especie extremadamente social y necesita estar acompañado de otros perros o personas. El aislamiento social suele provocarle problemas de estrés y ansiedad. El gato, en cambio, tolera mejor la soledad: puede estar más horas sin sus dueños; incluso días, siempre que tenga a su disposición comida, agua, su sitio para evacuar y un lugar cómodo donde dormir. Un perro necesita varios paseos diarios y estar más tiempo que el gato en compañía de sus dueños.

Cómo el gato es más independiente, su forma de jugar también es distinta. No requiere de la participación de otros para el juego, puede divertirse sólo con una pelotita que ruede, con las sombras o reflejos de algo en movimiento o con el simple volar de una mosca. El perro, por el contrario siempre buscará un compañero de juego para pasárselo bien.

Como depredadores que ambos son, tanto los gatos como los perros pueden mostrar agresividad, pero en los felinos domésticos la agresión competitiva o por dominancia no suele ir dirigida hacia las personas. En cambio, en el perro este tipo de agresión es uno de los problemas de conducta más habituales en la consulta de un etólogo.

Algunas acciones del gato que pueden ser interpretadas por el propietario como agresivas son en realidad conductas de juego, pero en ocasiones pueden acabar con un ataque con arañazos y mordeduras dirigida normalmente a las manos o a los pies, especialmente cuando están en movimiento.

A diferencia de la conducta agresiva que puede manifestar un perro en un episodio de agresividad (gruñir, mostrar los dientes, etc.), en el gato no existe ningún tipo de aviso o postura amenazante como el pelo erizado, por ejemplo. La secuencia motora que precede al ataque es la de caza. El gato puede está jugando, pero peligrosamente.

¿ES LO MISMO EDUCAR A UN PERRO QUE A UN GATO?
La respuesta a esta pregunta es muy fácil. No tiene nada que ver. Y la razón principal es la que hemos señalado anteriormente: los perros son animales sociales que necesitan vivir en comunidad y por ello, están instintivamente preparados para adoptar ciertas normas de convivencia que consigan que su grupo social se mantenga en armonía.

Pero el gato es un animal más independiente. Es un cazador solitario que, aunque muchas veces lo podemos ver formar parte de una comunidad gatuna en alguna zona de nuestro barrio, la realidad es que si están ahí es porque es una zona con disponibilidad de alimento seguro. Tampoco vayamos a pensar que el gato es un animal asocial, pero su sociabilidad no se puede comparar con el perro.

Por lo tanto, educar o adiestrar a un perro es mucho más sencillo que a un gato. Podemosenseñar a un gato a hacer sus necesidades en el lugar adecuado. Es además muy fácil, ya que los gatos son muy limpios y si la tierra dispuesta en su bandeja higiénica es de su gusto, no tardará nada en aprenderlo. También podemos ponerle a su disposición objetos preparados para que rasque o arañe y no lo haga en otros muebles de nuestro hogar. Si es de su agrado, siempre limará allí su uñas. Aunque este “adiestramiento” no es tal. Lo que realmente hacemos es poner a su disposición ciertos utensilios que al gato le van bien, le sirven y por lo tanto, los utiliza. Pero si por alguna causa, intentamos reñir a nuestro gato por haber hecho algo malo, éste no actuará como el perro. No bajará la cabeza, ni pondrá cara de decir “lo siento”; lo que seguramente hará el gato es mirarnos despectivamente y acto seguido se marchará o huirá. Intentar que un gato se quede quieto en un sitio mientras le echamos la bronca es algo impensable, de ciencia ficción.

Por el contrario, el perro acepta que le riñan y, después de hacerlo, posiblemente se retire compungido o busque nuestro perdón con alguna zalamería. Los canes aceptan un estatus jerárquico en el grupo social donde viven. Por eso, a diferencia de los felinos, los perros, además de poder enseñarles algunos ejercicios, podemos exigirle que los haga. A un gato, sólo podemos conseguirlo dandole siempre algo a cambio. La jerarquía en los gatos existe -no de una forma muy marcada-, pero sólo entre ellos.

COMUNICACIÓN CANINA Y COMUNICACIÓN FELINA
La personalidad de los gatos suele ser más incomprendida que la de los perros ya que su forma de comunicarse con nosotros difiere mucho de la nuestra. Sus señales comunicativas a veces son malinterpretadas.

Los gatos se muestran siempre más reservados que los perros y además la expresión de la cara de un gato no expresa tanto como la de un perro. Esta circunstancia es debida a que los felinos no poseen tantos músculos faciales como los canes, por lo que es más complicado interpretarlos.

Algunos de los comportamientos felinos que interpretamos de forma errónea son por ejemplo cuando el gato se coloca panza arriba, o cuando mantienen la cola en alto, o cuando parece feliz de vernos frotandose en nuestras piernas. Cuando un gato se coloca panza arriba, es porque está relajado, confiado y les gustaría que le rascaran. Hasta ahí todo bien. Pero lo que no quiere el felino es que le acaricien la barriga, como solemos hacer. Su deseo es que le rasquen la cabeza o detrás de las orejas. Cuando le tocamos la panza, lo normal es que nos agarre el brazo con las patas, nos arañe o nos muerda la mano. Para el gato, esa acción que acabamos de hacer es un abuso de confianza. En el perro es distinto. La posición de colocarse boca arriba, significa sumisión o relajación y le encanta que le acaricien o rasquen donde él no puede llegar.

En el perro, la cola en alto demuestra seguridad y dominancia. Se muestra altivo y poderoso. En el gato en cambio, la cola en alto significa saludo y alegría por volver a vernos. Podemos ver este gesto la mayoría de veces que le ponemos la comida.

La acción del gato de frotarse en nuestras piernas cuando llegamos a casa parece una manifestación de cariño que suele agradarnos. No cabe duda que es así, pero el objetivo real de este comportamiento es marcar territorio. Se restriega para dejar su olor, ya que los olores desconocidos que traemos de la calle no son de su agrado y como hemos dicho antes, los gatos son muy territoriales. Se podría decir que nos marca como diciéndonos: “Tú eres mío”.

LLEVARSE COMO EL PERRO Y EL GATO
Este dicho popular que se refiere a que dos personas se llevan muy mal no se corresponde totalmente con la realidad. Aunque mucha gente piensa que los gatos y los perros son enemigos irreconciliables -algo que también nos han inculcado en muchos dibujos animados-, no es cierto.

Los perros persiguen a los gatos porque es lo que más hay para perseguir. El instinto de caza canino se activa al ver un animal que corre y además hace ruido. Pero si el gato no corriera al ver a un perro, no sería perseguido. En nuestra sociedad, uno de los animales que más pueblan nuestras calles son los felinos. Si en vez de estos, hubiera conejos, el dicho popular cambiaría a uno de sus protagonistas.

Las dos especies son juguetonas, y les gusta jugar a cazar, por lo que se persiguen. Los perros, mucho más sociables que los gatos, muchas veces juegan entre ellos, intercambiando los papeles de cazador y presa. Los gatos, al ser más independientes, conllevan la convivencia con otras especies de manera más conflictiva.

Los gatos caseros no suelen salir a la calle, por lo tanto, si un gato ha vivido desde pequeño en una casa, nunca habrá sido perseguido por un perro. En cambio, los perros sí salen a la calle a jugar, por lo que, muy probablemente, habrán tenido alguna experiencia persecutoria ante la presencia de un gato callejero. Es por eso que los gatos que han sido adoptados de la calle en edad adulta, son más difíciles de socializar con un perro.

La relación entre cachorros de ambas especies es muy fácil, ya que, en esa etapa, el perro aún no ha madurado su conducta instintiva de caza, y aceptará al gato sin problemas. Por lo mismo, hacer convivir a un cachorro de perro con un gato adulto es, generalmente, fácil, sobre todo si el gato no ha tenido ninguna mala experiencia con perros, por lo que se acercará a él con curiosidad.

Para conseguir una buena socialización entre ambas especies, uno de los métodos más efectivos es utilizar el acercamiento progresivo. Para ello se puede utilizar el trasportín del gato. Dentro, el gato se sentirá seguro y se estará quieto, evitando que salga corriendo y que el perro reaccióne persiguiendole. De forma controlada, sin peligro de daño para ninguno de ellos, se irán adaptando el uno al otro, hasta que sea posible dejarlos solos.

Tener de mascota a un perro o a un gato depende mucho de nuestra disponibilidad para atender sus necesidades. El gato puede estar más tiempo solo y no necesita salir a la calle. El perro nos obliga a pasear, hacer ejercicio y a estar más tiempo con él. Tanto la independencia del gato como la sociabilidad del perro tienen su encanto. Los dos animales nos acompañan gustosamente y requieren de nuestro cariño. También podemos tener a los dos. La elección es nuestra.

Javier R. Batallé

LOS PRINCIPIOS DE UNA EDUCACIÓN CORRECTA: Educación de cachorros y perros jóvenes

Publicado en Pelo Pico Pata Especial - Agosto 2015

Mucha gente aún cree que la educación del perro ha de empezar en la edad adulta pero no es así. Un aprendizaje temprano es la mejor forma de evitar problemas posteriores en la convivencia cuando nuestro cachorro se convierta en todo un perro adulto.

ADIESTRAR Y EDUCAR: DIFERENCIAS Y SIMILUTUDES
¿Cuantas veces he escuchado la frase “¿Quiero que mi perro obedezca?” Pero ¿Qué es la obediencia? No es lo mismo educar al perro que adiestrarlo, aunque ambas acciones estén muy relacionadas.

Educar al perro es enseñarle a que haga sus necesidades en el lugar adecuado, que no pida comida en la mesa, que no destruya objetos del hogar, que no se suba encima de la gente para saludar, que no ladre cuando quiera algo, etc. Y adiestrar es enseñarle una serie de ejercicios que debería efectuar a una orden (un sonido determinado para el perro) para poder controlarlo en cualquier momento. Por ejemplo, que se siente, se tumbe, camine a nuestro lado o que acuda a la llamada.

¿Y qué tiene que ver la educación con el adiestramiento? Pues que en muchos aspectos de la educación del perro el adiestramiento es, aunque no indispensable, si muy importante. Por ejemplo: para educar al perro a que no se suba encima de la gente para saludar, deberíamos adiestrarlo a que a la voz de “Siéntate” se espere sentado a que le saluden a él. Se trata de enseñarle que es lo que él debe hacer para conseguir exactamente lo mismo, pero que lo haga de forma más civilizada.

Cuando un perro es joven o cachorro es más fácil educarlo y adiestrarlo, pero debemos tener especial cuidado en la forma de hacerlo. Hay que tener en cuenta que, en primer lugar, y dependiendo de su edad, el perro está en una etapa de crecimiento físico y psíquico y cualquier experiencia desagradable puede afectarle de forma irreversible. Por lo tanto debemos procurar que todo lo que le enseñemos lo aprenda sin ningún tipo de coacción, utilizando siempre alguna motivación que nos ayude a que realice las conductas deseadas.

Desde el principio, el perro ha de aprender unas normas de convivencia que son muy fáciles de aplicar. Para conseguirlo es mucho mejor enseñarle lo que queremos de él y no tanto empezar a prohibirle lo que no queremos que haga. Es muy difícil que el cachorro aprenda lo que queremos que haga si sólo le prohibimos continuamente con un “NO” expeditivo. Si conseguimos hacerle entender lo que si puede hacer y premiarlo cuando lo hace, el cachorro repetirá las conductas deseadas en poco tiempo. Hay mil formas de hacer una cosa mal y solo una de hacerla bien. Intentemos enseñar al perro cual es la adecuada.

HACIENDO DE MADRE CANINA
Aunque mamá perra no va a dedicarse a adiestrar a sus cachorros enseñándole ejercicios como sentarse, tumbarse o dar la pata, seguro que los educa y muy bien, a comportarse como “perros de primera”.

Desde el mismo momento de su nacimiento, el cachorro empieza a aprender. Al principio depende totalmente de su madre. Sólo se guía por el olfato y el tacto para conseguir llegar arrastrándose a las tetillas de la madre y alimentarse, pero muy pronto todos sus sentidos comienzan a ser funcionales, aprende a moverse con soltura y aumenta su tendencia a explorar y jugar, sobre todo con sus hermanos.

Este es el periodo durante el cual su madre inicia la primera educación. Y lo hace empezando a prohibirle ciertos comportamientos. Por ejemplo: cuando un cachorro intenta insistentemente agarrarse a la tetilla cuando ya ha mamado lo suficiente, la madre le gruñe y, si continúa con su actitud, le da un revolcón, empujándolo. Esa sería seguramente la primera vez que se le dice “NO” al perro. Además, cuando los cachorrosya empiezan a corretear, la madre comienza a separarse de ellos cada vez durante más tiempo y de forma progresiva, ayudándoles así a independizarse y no sufrir de ansiedad cuando se quedan solos.

Cuando adoptamos al cachorro, la responsabilidad de su educación es nuestra y debemos hacer algo parecido. No podemos gruñirle cuando se porta mal, pero si podemos educarlo para que después de decirle un “NO”, nuestra mascota tenga la expectativa de que si no deja de hacer lo que está haciendo, recibirá una regañina.

¿CÓMO EMPEZAR A EDUCAR A UN CACHORRO?
Lo que la madre puede enseñar a sus cachorros es a ser buenos perros. A nosotros nos toca educarles para que además sean unos buenos ciudadanos caninos. Aunque no hablemos el lenguaje canino como su madre y no tengamos su infinita paciencia, debemos intentar imitarla, dentro de nuestras posibilidades.

Lo primero que tiene que aprender un cachorro son los hábitos de hacer sus necesidades en el lugar correcto y los “buenos modales”, como por ejemplo, no robar comida de la basura, no romper ni masticar objetos que no sean sus juguetes, jugar con otros perros y personas sin morder ni hacer daño, cuál es su zona específica de descanso y a que lugares y zonas tiene prohibido el acceso.

Aunque casi todos lo cachorros se comportan de manera parecida, siempre hay diferencias en su “personalidad”. Podemos encontrarnos con perros traviesos y activos, con tendencia a ser dominantes o subordinados, tímidos o intrépidos, más nerviosos o más tranquilos, etc. Nunca hay dos perros iguales. Y todas estas conductas innatas que vienen de serie, aunque no podemos eliminarlas, si podemos canalizarlas para conseguir el comportamiento que deseamos.

Lo importante es saber “leer” a nuestro cachorro: conocer sus inquietudes, su forma de comunicarse, que tendencias genéticas son las que pueden guiar su comportamiento, que premio es el más adecuado, en que momento hay que enseñarle los ejercicios, cual es el refuerzo que más le motiva, etc. Dependiendo de su raza o mezcla de razas, puede ser un cachorro con un instinto cazador importante, o quizá sea muy independiente, puede que responda mejor a caricias que a comida, o puede que a las dos cosas. En definitiva, hay que conocer a nuestro perro.

PREMIO Y CASTIGO
Durante muchos años se creía que el uso de regaños y castigos físicos para “educar” a los perros era la única forma de lograrlo. No hay nada más lejos de la realidad.

Los cachorros que son castigados fisicamente como forma de disciplina, no sólo no llegan a entender el mensaje que su dueño quiere enviarle en la mayoría de los casos, sino que pueden aprender a mostrar una actitud miedosa, que en algunos casos puede confundirse con respeto o subordinación. Además, es muy posible que los perros castigados puedan presentar en la edad adulta comportamientos agresivos o miedosos que seguramente empeorarán con el tiempo. Para una buena convivencia lo que queremos es un perro tranquilo, educado y mentalmente equilibrado y los castigos físicos no son la opción.

Para enseñar al perro, siempre hay que enfocarse en las acciones correctas en lugar de las incorrectas. Es decir, cada vez que el perro haga justamente lo que queremos que realice, debemos recompensarle por ello. Dependiendo de la “personalidad” del perro puede motivarse más si le damos un premio comestible, aunque otros prefieren unas palabras de felicitación, caricias o un juguete para reanudar el juego. Todo depende de que analicemos bien qué es lo que más puede gustarle.

La clave para reforzar las conductas deseadas está en la sincronización de dar el premio justo en el momento en que sucede la acción correcta. Si tardamos demasiado en premiarle -con caricias, alabanzas, chuches o algún juguete- puede que asocie la conducta que queremos reforzar con otra. Por ejemplo, si le pedimos que se siente, obedece y se sienta, pero se levanta inmediatamente y le premiamos en ese instante, lo que estamos reforzando es el comportamiento de levantarse y no el de sentarse.

Cuando el cachorro realiza algo incorrecto, lo mejor es ignorar lo sucedido. Por ejemplo, si llegamos a casa después de estar varias horas fuera y vemos que el cachorro rompió uno de nuestros zapatos, es inútil gritarle y regañarlo. Los perros no dan importancia a lo sucedido horas antes, viven el presente y el futuro más inmediato, el minuto siguiente. Si lo regañamos no tendrá ni idea de porqué. Pero al ver la bronca que le echamos se mostrará sumiso, aunque eso no significa que sienta “culpa” por lo sucedido.

Lo que generalmente hace el perro es una composición de elementos en su espacio-tiempo. El cachorro escucha las llaves de la puerta cuando está entrando el dueño, en el entorno hay un charquito de pipí o un objeto de la casa destrozado; observa a su dueño entrar y ve el disgusto en su cara. El perro, al notar su enfado, se acerca a saludar pero de una forma sumisa, tal como haría cualquier perro ante un superior jerárquico que muestra algo de agresividad. Pero lo que la mayoría de la gente ve en su perro es la típica “cara de culpable” y creen que el animal sabe lo que ha hecho. Incluso hay gente que piensa que lo ha hecho como un acto de venganza por haberle dejado solo. No es así.

El perro tiene memoria, se acuerda perfectamente de los acontecimientos pasados, pero en el momento en que, por ejemplo, está masticando un zapato nuevo, lo importante para él es ese instante de disfrute de la masticación, quizá provocado por el dolor de encías cuando cambia los dientes de leche, o quizá por aburrimiento. Pero como nadie le prohibe esa conducta en ese momento y tampoco ha sido educado para solo coger sus juguetes, lo que hace es disfrutar del instante. Si le reñimos y nos enfadamos, horas o incluso solo minutos después, el cachorro puede asociar el castigo con el último acontecimiento: la llegada de su dueño y el acercamiento para saludar.

Sólo si lo descubrimos con “las manos en la masa”, debemos detenerlo en el momento justo diciendo un “NO” firme y canalizar su comportamiento hacia otra cosa. Por ejemplo, si lo vemos mordiendo algo nuestro, hay que detener la acción, regañarle, e inmediatamente, ofrecerle uno de sus juguetes para que comprenda que es lo que puede y lo que no puede masticar.

El castigo físico no sirve de nada, es contraproducente y además el perro no lo entiende ¿Alguien ha visto a dos perros pegarse? Pueden empujarse, gruñir o morder, pero nunca se golpean. La acción de golpear con la mano o con un periódico es algo que el perro no puede entender como castigo. En realidad, lo que mejor comprendería es un gruñido, un marcaje con dientes y un revolcón, pero si hiciéramos eso por la calle o en casa, es muy posible que nos llevaran a un psiquiátrico. Pero podemos sustituir el gruñido por un “NO” rotundo y el revolcón por un pequeño empujón.

El cachorro, lo esencial que debe notar cuando le “castigamos” es que estamos enfadados y a partir de ahí, cuando muestre una actitud de subordinación -que no miedo-, debemos dejar de reprenderle inmediatamente. Si seguimos abroncando cuando intenta comunicarnos que entiende nuestro enfado no le ayudaremos nada en su educación, porque no habrá comunicación.

ADIESTRAR EN POSITIVO. DISFRUTAR ENSEÑANDO Y APRENDIENDO
A partir de los tres meses de edad hay una serie de ejercicios de obediencia básica que podemos enseñar al cachorro de forma divertida tanto para él como para nosotros. Los más importantes son acudir a la llamada, que se esté quieto a la orden y que camine sin tirar continuamente de la correa. Y para que aprenda estos ejercicios hay que conseguir que se lo pase bien durante el adiestramiento. Para conseguirlo, las sesiones deben ser cortas, de no más de diez minutos y siempre compaginando el aprendizaje con el juego. Las clases consistirán en dos partes que se sucederán de forma consecutiva: práctica-juego-práctica-juego.

Hemos de tener en cuenta que un cachorro o perro joven es un animal muy curioso, que le encanta explorar, jugar y que se distrae fácilmente por cualquier cosa. Su capacidad de concentración es muy limitada y no podemos exigirle la misma atención que a un perro adulto. Es mejor empezar el adiestramiento en un lugar con pocas distracciones para así minimizar el número de correcciones y conseguir una mayor atención.

No podemos exigir al perro algo que no conoce. Debemos enseñar al perro la acción deseada sin implicar autoridad. Cuando ya sepa hacer el ejercicio y tenga consolidada la conducta deseada, será el momento en que podamos exigirle obediencia. Por eso explicarle bien las cosas es esencial. La información que le damos al cachorro es muy importante para que aprenda lo que queremos de él: debemos saber explicarle qué debe hacer, cómo debe hacerlo y que es lo que conseguirá al realizarlo.

LAS ÓRDENES QUE DEBE APRENDER
Enseñar al cachorro a que realice una serie de ejercicios nos da la posibilidad de establecer un código de comunicación que él pueda entender. Con unas pocas órdenes básicas podemos explicar a nuestra mascota qué es lo que queremos de ella: que acuda cuando le llamamos, que se siente, que se tumbe, que camine a nuestro lado, o que deje de hacer algo que esté haciendo.

Las palabras que utilicemos para que el perro nos entienda deberían ser cortas, diferentes en sonido cada una de ellas y sobre todo que no lleven a la confusión. Bastante tiene el perro para asociar un sonido con un ejercicio que queremos que realice, para que además le pongamos sinónimos. Por ejemplo, no podemos pedirle al perro que se siente diciendo en algún momento “Sit”, después “Siéntate”, más tarde “Que te sientes” y otro día “Sentado”. Estas palabras significan lo mismo para nosotros, pero se trata que nuestra mascota asocie un sonido con un ejercicio, no que aprenda idiomas. Esta es una de las razones por las que aconsejo pronunciar las órdenes en otro idioma, por ejemplo, el alemán o el inglés; porque las palabras que generalmente se utilizan son monosílabas y con un sonido muy diferente. Y sobre todo, porque son palabras que solo aplicaríamos a nuestro perro, lo que ayudaría a no gastar las órdenes ni utilizar sinónimos.

Las órdenes más importantes que el perro debe conocer son las siguientes: para estarse quieto -sentado o tumbado- y mantenerse así, para acudir a la llamada, para caminar a nuestro lado; la que debe obedecer para dejar de hacer cualquier cosa que esté haciendo en ese momento, que sería la orden “NO”, y una muy importante que generalmente no aplicamos y muchas veces se nos olvida: la orden de liberación.

La liberación u orden de recreo, aunque no lo parezca, es una de las órdenes más importantes, porque no podemos mantener continuamente a nuestra mascota en un estado de obediencia absoluta. Cuando el perro realiza un ejercicio bien, como por ejemplo, sentarse a la orden, debemos liberarlo antes de que llegue a levantarse y por lo tanto desobedecer. Y eso es lo que hacemos mucha veces. Nos creemos que el perro es obediente porque si le decimos “Siéntate” el perro se sienta, pero cuando nos damos la vuelta, orgullosos de lo que sabe hacer nuestra mascota, ésta se levanta y por lo tanto desobedece. Eso es lo que debemos evitar utilizando la orden de liberación, que debemos darla siempre después de cada ejercicio, a menos que le demos otra orden. Pero siempre terminando liberando al animal.

LOS EJERCICIOS DE ADIESTRAMIENTO
Para que el cachorro aprenda a acudir a la llamada debemos siempre pedirle que venga y no exigirle que lo haga y, sobre todo, siempre premiarlo cuando llegue hasta nosotros. En ninguna circunstancia debemos llamarle para castigarle: el cachorro asociaría la última acción (acudir a la llamada) con el castigo. Lo primero que debemos hacer es que nuestra mascota conozca su nombre, y que aprenda a que cuando lo pronunciamos nos referimos a él. Después, tendremos que pensar en una palabra para ordenarle la llamada (por ejemplo, “VEN”). Esta orden, siempre la pronunciaremos después de su nombre y lo más importante: para que la aprenda correctamente, al principio sólo la pronunciaremos cuando estemos seguros que va a venir.

Enseñar al cachorro a estarse quieto tiene su dificultad por su condición de cachorro o perro joven y explorador. Por eso debemos ser más pacientes con los ejercicios de sentarse o echarse. No hace falta que los ejecute a la perfección, pero es importante que empiece a conocerlos. Es conveniente liberar al cachorro de la orden sin esperar a que se canse de estar quieto y desobedecer.

La enseñanza para que camine sin tirar de la correa es uno de los ejercicios que más tardamos en enseñar al cachorro y seguramente es debido a que mientras es pequeño e inseguro no nos importa tanto que tire, pero cuando su tamaño y fuerza hace que no disfrutemos del paseo, comenzamos a preocuparnos.

Para evitar esto y comenzar a enseñar al cachorro a caminar sin tirar, es mucho más fácil enseñarle por donde debe caminar que no intentar explicarle por donde no debe hacerlo. Si conseguimos reforzar la conducta de caminar al lado de una de nuestras piernas (la derecha o la izquierda) y recibe un premio por ello, no tardará en acostumbrarse y entender que es la mejor manera de pasear con nosotros. Conseguirá lo mismo, pero sin la molestia del collar presionando su cuello.

Si ya de cachorro, le motivamos a que camine a nuestro costado, manteniendo la correa floja y premiando por ello su conducta y le incomodamos cuando tira de ella con rápidos cambios de dirección por ejemplo, el perro no tardará en saber cual es la mejor manera de pasear.

Los perros no conocen las normas sociales humanas y si no se las enseñamos, para sobrevivir en nuestra sociedad utilizarán sus instintos, muchas veces incompatibles para una buena convivencia. Educar a un perro es fácil y divertido. Solo necesitamos paciencia, dedicación y tiempo. Si el perro además es un cachorro, su capacidad de aprendizaje es aún mayor. El reto está en saber comunicarles correctamente todo lo que queremos de ellos.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé

CACHORROS. GUÍA PARA UNA EDUCACIÓN TEMPRANA

Publicado en Pelo Pico Pata nº 100 - Febrero 2014

Existe la falsa creencia que la educación del perro ha de empezar en la edad adulta o, cómo muy pronto, al cumplir los seis meses de edad. No es así. Un aprendizaje temprano es la mejor forma de evitar problemas posteriores cuando nuestro cachorro se convierte en “todo un perro”.

EDUCACIÓN Y ADIESTRAMIENTO
No hay que confundir la educación con el adiestramiento. Son dos conceptos distintos: educar al perro consiste en enseñarle unas normas sociales que servirán para que la convivencia con él sea lo más apacible posible, mientras que en el adiestramiento, lo que tratamos es enseñar a nuestro perro una serie de ejercicios para que nos obedezca en cualquier situación.
 
Cuando llega un cachorro a nuestro hogar, lo más importante es educarle para evitar problemas en la convivencia, pero también podemos iniciarle en el adiestramiento. Por supuesto, no nos referimos al trabajo deportivo, guarda y defensa o cualquier otro tipo de adiestramiento que requiera de una capacidad física y de unos instintos muy desarrollados. Estos tipos de adiestramiento sólo pueden hacerse en un perro adulto.

LAS NORMAS QUE TODO CACHORRO DEBE APRENDER
Desde el principio, cuando introducimos un cachorro en nuestras vidas, hay que enseñarle unas normas de convivencia muy fáciles de aplicar. Y es muy importante lo que acabamos de decir: “hay que enseñarle”. y no empezar a prohibirle. Es muy difícil que el perrito aprenda lo que queremos que haga si sólo le decimos continuamente ¡NO!. Mejor explicarle lo que SI puede hacer, y premiarlo si lo hace.

Su primera experiencia en el nuevo hogar
Es muy frecuente que el primer día el perro esté algo asustado. No conoce el lugar, todo es nuevo y aún no hemos creado un fuerte vínculo con él. Al entrar en casa, hay que dejar que explore tranquilamente sus dependencias, pero con la precaución de tener cerradas las puertas de las habitaciones donde no queremos que entre, por lo menos de momento.
 
Como seguramente estará cansado por tantas emociones; sin presionarle, hay que incitarle a que se dirija al capazo o camita que hayamos preparado para su descanso y mostrarle donde estarán siempre su bebedero y comedero. Hemos de planificar con suficiente antelación dónde queremos que duerma. Ha de ser un lugar donde se sienta seguro y tranquilo. En el momento en que se eche en su cama, lo premiaremos y lo dejaremos descansar en paz.

Procuraremos haber guardado bien los cables eléctricos de conexión al ordenador o la televisión, los productos de limpieza que puedan ser tóxicos y tener el cubo de basura cerrado. Es probable que el cachorro en su afán exploratorio quiera introducirse en algún rincón que pueda ser peligroso para él. En esas circunstancias si que debemos prohibirle el paso o darle un pequeño susto en forma de ruido fuerte para que se retire del lugar.

¿Su cama, o nuestra cama y sofá?
Es muy importante pensar si vamos a aceptar que el perro suba a según que lugares que teóricamente están habilitados para nuestro descanso. Muchas personas, al ver esa pequeña “bolita de pelo” tan tierna y quizá asustadiza, no podemos evitar la tentación de subirla al regazo y darle mimos encima del sofá o la cama.

Debemos tener en cuenta que el crecimiento del perro es rapidísimo y aunque de pequeños algunos de ellos no llegan a poder saltar hasta esos lugares; al crecer, si les hemos mostrado días o meses antes que estamos contentos con que lo hagan, será difícil erradicar esa conducta. El problema vendría después, cuando algunas razas pueden llegar a pesar más de treinta kilos. Además, todos los cachorros quieren estar con sus dueños y si pueden, descansar con ellos, tal como hacían con su madre y hermanos. Por lo tanto, las ganas de subirse encima no se las quita nadie.

¿Los servicios por favor?
Cuando el perro ya se relaje, se despierte de una pequeña siesta o haya comido o bebido, no tardará ni diez minutos en hacer sus necesidades. Es el momento de bajarlo a la calle o -si aún no tiene todas las vacunas-, procurar que se dirija al lugar que hemos preparado para él con periódicos o algo similar.

El lugar donde colocamos los periódicos para hacer sus necesidades debemos escogerlo bien. Ha de ser un sitio de fácil acceso, tranquilo y fácil de limpiar. Por ejemplo, no hay que ponerlos en el cuarto donde tengamos la lavadora, ya que si está funcionando, el cachorro podría asustarse.

Para enseñar al cachorro que vaya a hacer “sus cosas” al lugar indicado, cuando creamos que ya le toca ir al lavabo hay que llevarle lo antes posible y colocarle sobre de los periódicos, pero es mejor invitarle a que acuda por su propio pie. De esta manera se acostumbrará a no esperar a ser cogido en brazos cada vez que tenga ganas de hacer “pís”.

Debemos tener en cuenta que un cachorro de tres meses no aguanta más de tres o cuatro horas sin hacer sus necesidades, así que durante unas semanas habrá que estar muy vigilante.

¿Y qué puedo morder?
Todos los cachorros, igual que los niños, tienen un impulso innato a explorar y a coger objetos. Pero como los perros carecen de manos, todo lo que atrapan lo hacen con la boca. Y de ahí a mordisquear sólo hay un paso. Además, a partir de los tres meses y medio, cuando empiezan a cambiar los dientes de leche, es normal que nuestras mascotas necesiten masticar para paliar el dolor que produce el cambio de dentición.

Todos los perros necesitan juguetes para distraerse y mordisquear y es muy importante enseñarle cuales son los suyos y cuales no. Para un cachorro, un móvil, un mando a distancia, un libro o la pata de una silla son juguetes tan divertidos como lo pueden ser el muñeco o la pelota que le compremos. Es necesario que sepa qué objetos puede coger y cuales no.

Siempre que veamos a nuestro pequeño can coger algún objeto que no sea su juguete, le reñiremos para que lo suelte y justo después de hacerlo, le daremos uno de sus juguetes, acariciando y demostrando que es eso lo que queremos. Nunca aprenderá si sólo le decimos “ESTO NO”, “ESTO TAMPOCO”. hay demasiadas cosas en una casa para prohibírselas todas. Es mejor explicarle que es lo que si puede coger: sus propios juguetes.

¿Jugamos a lo perro?
Los perros tienen una forma de jugar distinta a la nuestra, mucho más brusca. Juegan a morderse, pelearse, perseguirse y se tiran encima de su compañero de juego sin contemplaciones. Aunque es muy divertido verlo, no lo es tanto si la víctima de esta manera de jugar es uno de nosotros.

Hay que enseñar al perro las normas del juego. Todos los cachorros tienden a morder mientras juegan, y hasta que no llega el cambio de dentición, sus pequeños dientes son como alfileres que, aunque jugando, clavan sin querer en nuestras manos.

En el caso que esto suceda, debemos parar el juego inmediatamente, exclamando un pequeño ¡Ay! e ignorar al cachorro hasta que se calme. Se trata de imitar lo que haría uno de sus hermanos cuando entre ellos aprenden a jugar. De esta manera, pronto el perro se dará cuenta que debe morder más flojo para que pueda continuar el juego. Siempre que veamos que nuestro cachorro se excita demasiado en los momentos lúdicos, debemos parar de jugar.

Otro de los juegos favoritos de los pequeños canes es la persecución de las perneras del pantalón y nuestros pies. El motivo es que son cosas que están a su altura, se mueven y son fáciles de atrapar. Este tipo de juego también debemos detenerlo, ofreciéndole uno de sus juguetes favoritos como sustitución.

Acostumbrarse a la soledad
Algunos perros tienen un apego exagerado a sus dueños y esto, posteriormente, puede causar problemas cuando se quedan solos. Uno de los más habituales es el llamado síndrome de ansiedad por separación, que provoca que el perro entre en una espiral de pánico y estrés cuando se queda solo en casa y puede llegar a romper cosas, ladrar incesantemente, o hacer sus necesidades en lugares prohibidos.

Es conveniente que desde el primer día, el cachorro aprenda a permanecer solo y la mejor manera de conseguirlo es que aprenda a dormir en soledad. Los primeros días, es casi seguro que el pequeño perro llore, gima, ladre y rasque la puerta. Pero si tenemos suficiente paciencia y sangre fría para no hacerle caso, sólo deberemos pasar dos o tres malas noches a lo sumo. El perro se acostumbrará rápidamente y tendremos un problema menos del que preocuparnos.

También es conveniente que cuando salgamos de casa y lo dejemos solo, al principio las ausencias no sean muy largas y evitar el ritual de despedirse de él. El cachorro debe entender que nuestras salidas de casa no tienen nada de especial, y que siempre volvemos.

EL INICIO DEL ADIESTRAMIENTO
A partir de los tres meses de edad hay una serie de ejercicios de obediencia básica que podemos enseñarle a nuestro cachorro. Los más importantes son acudir a la llamada, que se esté quieto a la orden y que camine sin tirar continuamente de la correa.

Acudir a la llamada
Lo primero que debemos hacer es que nuestra mascota conozca su nombre, y que aprenda a que cuando lo pronunciamos nos referimos a él. Después, tendremos que pensar en una palabra para ordenarle la llamada (por ejemplo, “VEN”). Esta orden, siempre la pronunciaremos después de su nombre y lo más importante: sólo cuando estemos seguros que va a venir. Por ejemplo, cuando llegamos a casa, cuando le ponemos la comida, cuando le ofrecemos una galletita, etc. El cachorro debe saber que después de oir esa palabra, si acude rápidamente, siempre ocurre algo bueno. Por lo tanto NUNCA debemos llamar al perro para reñirle, aunque se haya portado mal. Si queremos regañarle, iremos a por él.

Estarse quieto
Mantener a un cachorro quieto es difícil. Es un pequeño terremoto con ganas de jugar y explorar. Por eso debemos ser más pacientes con los ejercicios de sentarse o echarse. No hace falta que los ejecute a la perfección, pero es importante que empiece a conocerlos. Es conveniente liberar al cachorro de la orden sin esperar a que se canse de estar quieto y desobedezca.

Caminar sin tirar de la correa
Es una buena idea acostumbrar al cachorro a llevar el collar y la correa dentro de casa, cuando aún no puede salir a la calle. Seguramente, en los primeros momentos parecerá un caballito desbocado, pero se acostumbrará.

Todos los perros, cuando empiezan a salir a la calle, descubren un mundo nuevo que quieren explorar, oler, y además, hacerlo deprisa. Es posible que los primeros días, se sientan cohibidos y no se alejen mucho de nosotros, pero cuando cogen confianza, tiran de la correa para llegar a donde quieren con la mayor prontitud.

Para evitar esto y comenzar a enseñar al cachorro a caminar con nosotros, es importante que llevemos algunos de sus chuches y juguetes favoritos y procuraremos que esté atentos a ellos. Además, no debemos ir continuamente hacia donde él tira, sino que cambiaremos de sentido bruscamente varias veces, felicitándole cuando vuelva a nuestro lado.

Educar al que será nuestro mejor amigo perruno requiere mucha paciencia pero si lo hacemos bien y con alegría, en poco tiempo, además de crear un mejor vínculo con él, tendremos un cachorro feliz, que no causará ningún problema de convivencia y, posteriormente, un perro adulto perfectamente equilibrado y educado.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé