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CUANDO TU PERRO SE ENFADA

Publicado en Pelo Pico Pata nº 107 - Septiembre 2014

La conducta agresiva es el problema más común por el que los propietarios de un perro acuden a un etólogo o a un adiestrador y, para tratarla, es necesario conocer su causa.

Uno de los problemas de conducta que más me consultan los dueños de perros es el de la agresividad. Y con frecuencia la pregunta es la misma: “Mi perro es agresivo ¿Que puedo hacer?” Y la respuesta tampoco cambia: “Deberemos ver el porqué de ese comportamiento".

La agresividad no es una anomalía psíquica. En realidad no es un problema de conducta. Todos los animales pueden ser agresivos; los humanos también. La diferencia está en que, mientras las personas normalmente podemos controlarla de forma más efectiva, los animales no. La agresividad se convierte en un problema cuando el perro la manifiesta en un contexto inadecuado.

Pero algo muy importante que debemos saber es que la agresividad es sobre todo un síntoma de otro problema de conducta que muchas veces nos es difícil identificar. Todas los instintos del animal están diseñados para su supervivencia y bajo determinadas circunstancias, una gran parte de esas conductas innatas pueden manifestarse en forma de agresión.

Por ejemplo, si un perro es agresivo hacia sus dueños cuando intentan acariciarlo o le despiertan cuando duerme, el animal seguramente tiene un problema de dominancia, que puede haberse agravado al no establecer sus dueños una jerarquía estable en el entorno social en el que se mueve. O cuando un perro ladra a todos los perros y se muestra agresivo cuando paseamos por la calle, es probable que ese perro no haya tenido una socialización adecuada durante su infancia y vea a los otros canes como enemigos a los que evitar a toda costa. Para solucionar un problema de agresividad hay que arreglar la causa que la produce.

¿QUÉ ES LA AGRESIVIDAD?
Para los perros la agresividad es un comportamiento adaptativo que les ayuda a conseguir un objetivo. Por ejemplo, un perro puede tener como objetivo mantener la distancia entre él y algo o alguien que le asusta o que le irrita. Si se muestra agresivo hacia el estímulo que quiere evitar y le sale bien, esta conducta tenderá a repetirse en posteriores ocasiones.

La agresividad, al igual que cualquier otra manifestación de conducta, no surge porque si. Generalmente es consecuencia de varios factores. Entre ellos, habría que destacar el entorno del animal, la relación con sus dueños y otros perros, acontecimientos traumáticos ocurridos en el pasado, el nivel de estrés, un aprendizaje inadecuado, miedo, comportamientos instintivos super desarrollados y, en todos ellos tienen mucho que ver los factores genéticos. Pero con esto no debemos arriesgarnos a decir taxativamente que existen razas con más tendencia a la agresión.

Por encima de todo está el individuo canino. Un perro de raza pitbull no tiene porque ser un perro agresivo, aunque si que es cierto que pertenece a una raza con predisposición a ser más agresiva que otra. Y lo más importante: al ser un perro de una gran potencia física, el daño que es capaz de ocasionar en un episodio agresivo es mayor al que puede ejercer un caniche, por ejemplo.

Según el famoso etólogo Konrad Lorenz: “La agresión forma parte del comportamiento en todos los animales, incluido el ser humano, cuyo comportamiento agresivo es uno de los más trascendentales aspectos de su conducta y uno de los pilares sobre los que sustenta su organización social. Por tanto, no estamos en condiciones de juzgar la agresividad, como tal, de ninguna otra especie. Pecaríamos de cinismo.”

LAS SEÑALES DE AGRESIVIDAD
Para asegurarnos que el perro manifiesta agresividad e incluso a que tipo de agresión podemos enfrentamos, debemos observar detenidamente que signos externos manifiesta.

Morder es la expresión más clara, pero en la gran mayoría de los casos antes de la mordida hay otras manifestaciones que nos avisan del problema que tenemos ante nosotros.

Existen dos formas de agresividad, la ofensiva y la defensiva. La primera puede reconocerse porque el perro mantiene una postura dominante (cola alta, orejas erguidas, mirada fija), mientras que la segunda se caracteriza por una actitud evasiva (cola entre las patas, orejas gachas, mirada esquiva).

Cuando la conducta agresiva llega ya a un momento más preocupante el perro puede mostrar otros signos. Algunos son los siguientes: gruñir, lanzar una dentellada al aire, mostrar los dientes, erizar el pelo del lomo o ladrar de forma amenazante.

Dependiendo del tipo de agresividad, las señales que podemos observar pueden variar. Por ejemplo, un perro estresado o irritado, antes de mostrar los dientes o gruñir para defender su comida o, sencillamente, porque le molesta que nos acerquemos, puede mantener la boca “muy cerrada”, mirando de soslayo, lo que indica que está bajo una situación de estrés muy aguda.

En los casos de agresividad dirigida hacia las personas del entorno del perro adulto, o sea nosotros, nunca hay que enfrentarse al animal. Es muy peligroso. Debemos evitar cualquier pelea que la mayoría de las veces ganaría nuestra mascota. Por pequeño que sea, siempre será más rápido, capaz de soltar una dentellada y salir corriendo a refugiarse.

¿CACHORROS AGRESIVOS?
Como hemos dicho antes, la agresividad es algo innato y por lo tanto, cualquier perro puede manifestar alguna vez una conducta agresiva. Incluso a edad muy temprana. Por eso hemos de aprovechar la poca experiencia de los cachorros para enseñarles a controlar este comportamiento.

Existen factores genéticos que predisponen más a la agresividad, y probablemente podemos observar algunas conductas preocupantes de nuestra pequeña mascota que deberemos corregir.

Los juegos que más gustan a todos los perros, sobre todo a los más jóvenes, son los que implican competitividad: estirar de una cuerda, intentar llegar a la pelota antes que otro, etc. Con esta forma de jugar, los niveles de adrenalina suben, al igual que en una situación de estrés o en un episodio agresivo. 

Debemos aprovechar el juego con nuestra mascota para enseñarle a controlar la agresividad. Por ejemplo, cuando veamos que el cachorro empieza a gruñir, mientras estira de un juguete o persigue una pelota, debemos parar de jugar, tranquilizarlo y no reanudar el juego hasta que este calmado. Es una buena forma de aumentar el vínculo con nuestra mascota, establecer una relación jerárquica estable y prevenir posibles problemas.

TIPOS DE AGRESIVIDAD Y SU CAUSA
El primer paso para el tratamiento de un problema agresividad consiste en identificar que tipo de agresividad es la que muestra el perro y conocer la causa. Para conseguirlo es imprescindible conocer las diferentes formas de agresión existentes. Aquí veremos las más frecuentes:

La agresión por dominancia es la más frecuente de todas las conductas agresivas de los perros. Suele observarse sobre todo en machos sin castrar, adultos, y con una mayor incidencia en los animales puros de raza, que en los mestizos. Hay que diferenciar entre la agresión por dominancia hacia perros y la dirigida a las personas.
La conducta agresiva hacia otros perros por dominancia está causada por el intento de subir en la escala jerárquica con otros perros que pueda encontrarse en el entorno, mientras que las manifestaciones de agresividad hacia personas sólo se producen dentro del núcleo familiar. A veces, incluso contra sólo uno o dos de sus miembros. Este problema está causado por la tendencia genética del perro a dominar y la permisividad de los dueños con su mascota.

La agresión por miedo es otro de los problemas más comunes de consulta. Esta tipo de agresividad está causada por el miedo del perro a alguna cosa, persona o animal, y se manifiesta cuando un perro está muy asustado pero no puede escapar de la situación que le causa temor. Entonces, su reacción más probable es atacar. Este tipo de comportamiento puede verse muchas veces en la calle, cuando vemos a un perro que se muestra agresivo con otros canes que se acercan, mientras pasea con su dueño sujeto por la correa. Al estar atado y verse impedido en la huida, al perro no le queda otra poción que atacar para ver si aleja a sus “enemigos”.

Las causas más probables de este problema son una pobre o inadecuada socialización, o algún episodio traumático que haya podido experimentar en el pasado. Además de los posibles conflictos con otros perros, en ocasiones esta agresividad puede dirigirse hacia los niños, por la misma causa.

En la agresión territorial, el perro muestra una conducta ofensiva hacia gente extraña y canes desconocidos que invaden su territorio. Los perros y las personas que forman parte de la familia no son atacados en este tipo de agresividad. Es una conducta normal en el perro y en muchos casos buscadas por los propietarios, pero muchas veces el animal se excede en esta conducta y resulta un problema a solucionar. La causa de esta conducta suele ser un instinto territorial muy desarrollado. Pero además puede añadirse un aprendizaje a veces inconsciente de los propietarios. La forma en que se refuerza esta conducta (generalmente, el intruso siempre huye), hace que se convierta en un problema difícil de corregir.

La agresividad por posesión de recursos es una conducta donde pueden unirse varias conductas instintivas como la territorialidad o la dominancia, por ejemplo. Suele ocurrir en diferentes grados, primero con señales de aviso y después con la mordida.
Esta causada por un fuerte impulso de posesividad y una insuficiente educación en su fase de cachorro.

La agresión originada en el juego ocurre porque la acción de jugar lleva cierta carga de estrés que aumenta la agresividad dentro del mismo. Ya hemos visto anteriormente las características de esta forma de agresividad.

La agresión predatoria es uno de los tipos de agresividad más peligrosos. Es un comportamiento muy instintivo: el resultado de la liberación de los instintos cazadores de los cánidos. El estímulo que desencadena la conducta es el movimiento de una presa o de algo que sencillamente corre en sentido contrario al perro. Esta forma de agresión puede dirigirse hacia niños pequeños, bicicletas, coches, perros pequeños y otros animales como los gatos. El gran problema de este comportamiento es que no hay aviso, pues la conducta depredadora de los perros exige silencio a la hora de la caza. Son pocos los perros que atacan ladrando a la presa. La causa principal es un instinto depredador muy desarrollado. Para evitar problemas, debemos procurar no agudizar más esta conducta innata con juegos de ir a buscar la pelota o estirar de la cuerda. Sólo puede controlarse con una buena obediencia.

Otros tipos de agresividad son la agresividad redirigida, por ejemplo, que se manifiesta cuando un perro muerde a su dueño que se mete en una pelea de perros para intentar separarlos; la agresividad por dolor, que es una agresión defensiva del perro cuando nos acercamos a una parte del cuerpo que le duele; la agresividad por frustración, que ocurre cuando el perro no consigue algo que quiere intensamente; o la agresividad idiopática, un tipo de agresión que se desconoce la causa, aunque algunos autores creen que puede deberse a algún anomalía genética.

TRATAR LA AGRESIVIDAD
Cuando intuimos un problema de agresividad en el comportamiento de nuestra mascota, lo primero que hay que hacer es asesorarse por un especialista, generalmente un veterinario que deberá descartar cualquier problemá orgánico subyacente que pueda originar el problema. En el caso de que no exista ninguna patología; un especialista en comportamiento canino deberá observar al perro e informarse sobre su conducta para poder ayudarnos a tratar el problema.

El protocolo a seguir en un problema de agresividad es el siguiente:

- Visita al veterinario para descartar problemas orgánicos.
- Asesorarse con un especialista en comportamiento canino.
- En algunos casos, como en problemas por dominancia o territorialidad en machos, la castración es efectiva en un tanto por ciento muy elevado. No así en las hembras, que puede agudizar el problema.
- Si el tratamiento conductual (clases de obediencia, asesoramiento, modificación de los hábitos y el entorno) no es suficiente, puede apoyarse con un tratamiento farmacológico, siempre autorizado y supervisado por un veterinario.

La agresividad es un problema que puede tener diversas causas y su pronóstico y tratamiento son diferentes según el tipo de agresividad que presenta el animal. Aunque,  la agresividad hacia personas y la agresividad hacia perros pueden tener causas muy parecidas, es conveniente utilizar un protocolo de trabajo distinto para cada una de ellas.

Hay que entender, prever y si es necesario, corregir con suficiente antelación cualquier forma de comportamiento agresivo para poder modificarlo. Sólo asi conseguiremos una mejor convivencia e integración de nuestra mascota en la sociedad conseguir una convivencia más armoniosa.

Javier R. Batalle

APOLO. MI PRIMER ALUMNO.

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Hoy es diez de Octubre y cuando me he despertado y he visto qué día es, he estado preguntándome de qué me suena esa fecha. Y a lo largo de la mañana lo he recordado. Ese día, hace más de dos décadas, tuve mi primer alumno. Se llamaba Apolo, un rottweiler con problemas de agresividad.

El caso era difícil, muy difícil. Quien me contrató era una mujer de avanzada edad que tenía un hijo con problemas de esquizofrenia, que se juntaba con grupos de chavales de ideología punk y deseaba que su perro fuera lo más agresivo y temerario del mundo. Como suele ocurrir, al final era su madre quien tenía que ocuparse de pasearlo y cuidarlo. Su hijo me pidió en una ocasión si podía enseñar a su perro a atacar a la gente y a otros perros, que si no, ese perro no le servía para nada.

Ese diez de Octubre, cuando fui a visitar a Apolo, fue el día que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Pero os describo la escena de ese día al llegar a su casa:

Me recibe la madre y me cuenta el problema. Un psiquiatra con pocas luces había recomendado que lo mejor para tratar la esquizofrenia de su hijo era comprarle un perro (aunque no le dijo que tipo de perro, que él eligiera). Por lo tanto el chico decidió un rottweiler, aunque aún no era considerada una raza potencialmente peligrosa (consideración de unos zotes e ignorantes que se dedican a decretar leyes sin saber), no era un perro adecuado para él.

Mi clienta me llevó a una habitación, el dormitorio de su hijo, donde el perro estaba gruñendo y destrozando las sabanas y comiéndose literalmente la cama. Al abrir la puerta se lanzó hacia mi con toda la agresividad que puedo recordar. Después de que pudiésemos cerrar la puerta, le pedí a mi clienta que necesitaba que le pusiese el bozal, el collar y la correa, y que a partir de ahí, ya me ocupaba yo. Esa fue mi primera gran decisión. Era mi primer alumno, y pensé: si me quiero dedicar a esto…¡A por todas!

Me lo llevé a la calle. Dentro del ascensor, cuando bajábamos, se puso a dos patas intentando morderme la cara con una furia descontrolada. Por suerte llevaba el bozal. En la calle se calmó algo, pero rodamos por el suelo un par de veces, dando un espectáculo dantesco por una de las calles de Barcelona más transitadas. Pero no podía abandonar.

Al final, más por cansancio que por terapia, nos sentamos en un banco y le hablé, le acaricié, me comunique con gestos, con su idioma. Fue en ese momento en el que si que tome la decisión de ser educador canino, adiestrador y perrólogo. Porque vi en Apolo una mirada que nunca sabré describir con exactitud, pero era la mirada de alguien que sufría y que pedía ayuda.

Al cabo de cuatro días, observé los ojos de Apolo y decidí quitarle el bozal, con miedo, pero sabía que era necesario. Me lo pedía. Y lo primero que hizo fue darme un lametazo, acercarse más a mi y con un pequeño gruñido me dijo: GRACIAS.

No pude curar al chico, no es mi trabajo. Pero conseguí que su madre pudiera pasear a Apolo con total tranquilidad, y sobre todo, que no hiciera ni caso a su hijo. Pero eso ya fue decisión de Apolo.

Tres años después, estaba trabajando por la Gran Vía de Barcelona y, de repente oí un tremendo ruido de botellas y vasos cayendo en el suelo, y vi a un grupo de unos seis punks abalanzándose hacia mi con un rottweiler a la cabeza. Era Apolo. Estaba atado a la mesa de la terraza de un bar y al verme me reconoció y se lanzó a saludarme y a comerme a lametazos.

Muchas gracias Apolo. Mi primer perro. El que me ayudo a que ayudará a otros perros.

La foto no es de Apolo, pero me recuerda a él. En aquellos tiempos no existía el móvil y hacer fotos era más complicado.

Posted on October 10, 2018 .

SOCIALIZAR AL PERRO: HACIENDO AMIGOS

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Todos queremos que nuestra mascota se lleve bien con otros perros, con las personas y que no tenga miedo a nuevas experiencias, pero no siempre es así. Algunos perros muestran conductas problemáticas como ansiedad, miedo o agresividad que, en muchas ocasiones tienen una causa común: una inadecuada socialización.

El periodo más sensible: la impronta

Las experiencias y las relaciones que pueda tener un perro durante su infancia afectan de un modo decisivo en su futuro desarrollo y en su comportamiento. Pero hay un periodo de tiempo determinado de socialización (también llamado impronta o imprinting), durante el cual, el ambiente tiene un efecto muy intenso y duradero. Todo lo que aprenda o experimente el cachorro en esa etapa no lo olvidará nunca, sobre todo si han sido experiencias traumáticas. Este periodo de socialización comprende desde las tres a las 12 semanas de vida y es cuando el cachorro descubre realmente el mundo que le rodea.

La impronta en el perro ocurre entre la tercera y la duodécima semana de vida del cachorro, siendo su periodo más critico entre la quinta y la octava semana. Posteriormente, las experiencias que viva nuestra mascota también le afectaran de modo importante, pero no de forma casi irreversible como ocurre en el periodo sensible. Es importante conocer esto porque hay que cuidar mucho la forma en que el cachorro experimenta los nuevos estímulos que va descubriendo en el día a día. Por ejemplo, si durante su infancia es mordido o atacado por otro perro, puede que a partir de ese momento se convierta en un cachorro miedoso o, ya de adulto, muestre agresividad hacia otros perros. Pasa lo mismo con las personas. Es muy importante que conozca todo tipo de personas: mujeres, niños, personas mayores, y procurar que sus primeros contactos con ellas sean todos lo más agradable posible.

La vida social de un bebé perro.

Lo normal es que durante los dos o tres primeros meses de vida, el cachorro sólo conozca a su madre, sus hermanos y poco más. Está en un entorno seguro, con su familia canina, pero de repente -generalmente a los tres meses -, lo sacamos de su ambiente y lo llevamos a nuestro hogar. Con la mejor intención, lo cogemos en brazos, le hablamos en un idioma desconocido para él y lo trasladamos a un entorno totalmente desconocido: nuestra casa. ¿Os imagináis si nos pasará a nosotros?

Probablemente, el veterinario nos habrá recomendado (y con razón) no sacarle de casa hasta que le hayan aplicado todas las vacunas para que no pueda infectarse de ningún virus. Durante varios días, lo más habitual es que nuestra mascota viva en nuestro hogar relacionandose con nosotros y con nadie más. En este tiempo, para él cachorro sólo existirá nuestra familia y su entorno. Todas sus experiencias se basarán en eso. Pero podemos hacer algo más.

Lo desconocido provoca miedo

Para el perro, visualmente, son muy diferentes un perro, una persona mayor, un joven o un niño. También los sonidos de la ciudad, el trafico, los ruidos de las típicas obras y otras cosas a las que nosotros ya nos hemos habituado, son estímulos con lo que se va a encontrar nuestra mascota en distintos momentos de su vida.

Los perros discriminan y guardan en su “disco duro” los diferentes entornos, sonidos y olores que pueda apreciar para luego reconocerlos, analizarlos y actuar en consecuencia. Pero si solo conoce los estímulos de su hogar, las personas que son su familia y los sonidos y olores que existen en su ambiente, puede ocurrir que cuando comience a salir a la calle todo lo desconocido que vea, huela u oiga le puedan asustar. Y lo que no se conoce puede causar miedo y estrés. Hay que tener en cuenta que todos los animales evitan lo desconocido y si es necesario, se muestran agresivos hacia algo que pueda parecer una amenaza, para alejarla.

El aislamiento o la falta de experiencias con otros perros y/o personas puede hacer que nuestra mascota se convierta en un animal insociable con los consiguientes problemas de conducta, pero también debemos tener en cuenta el ambiente, ya que en ocasiones, el perro puede asociar un estimulo que le asusta con la presencia o cercanía de otro animal o persona. Por ejemplo: si mientras está saludando a una persona, de repente suena un petardo cerca que le asuste, puede asociar la acción de saludar con el terrible ruido que ha explotado a sus pies. Y si durante la primera salida al parque para jugar con otros amigos perrunos, están haciendo obras con el consiguiente ruido que eso produce, puede que cada vez que se acerque al parque se muestre ansioso y todos los elementos que hay en él lugar los vea como una amenaza, incluso al relacionarse con otros perros del parque.

¿Cómo conseguir el mejor amigo de las personas?

Aunque hay que hacer caso a nuestro veterinario y para evitar contagios no debemos pasear con el cachorro hasta que no tenga todas las vacunas, es importante llevarlo en brazos de vez en cuando a la calle para que vea gente nueva cada día. Así se acostumbrará a los nuevos olores y sonidos e intentaremos que cuando se acerque alguien a saludar a esa preciosa “bolita de pelo”, trataremos que lo haga con suavidad y sin asustarlo.

La socialización con las personas depende sobre todo de estímulos visuales, por lo tanto hay que tener en cuenta que la imagen de un niño es muy diferente a la de un adulto, la de una mujer de un hombre e, incluso la visión de una persona con uniforme o llevando un casco o una gorra, también son distintos a los ojos de un perro. Es importante que nuestra mascota tenga contacto con todo tipo de gente y que las interacciones sean siempre lo más positivas posibles. Y sobre todo hay que prestar atención a la relación con los niños.

Los niños, desde el punto de vista del perro son como pertenecientes a una especie distinta: se mueven más rápido e impulsivamente, hablan distinto y con una voz más aguda, gritan, hacen aspavientos y siempre llevan algo en la mano o tienden a coger lo primero que encuentran. Y aunque lo hacen con la mejor intención, su forma de saludar a un perro es casi agresiva. El cachorro puede interpretar todos estos gestos como una amenaza. Además, los niños no huelen como los adultos y para cualquier cachorro inexperto es difícil identificarlos como cachorros humanos.

Los primeros contactos de nuestro cachorro con personas adultas o niños ha de ser siempre agradables, sin sustos ni malentendidos. Por eso es importante que el acercamiento sea muy tranquilo. La mejor forma de hacerlo es dejando que sea el perro el que inicie la relación. Un truco que utilizo mucho en la calle cuando llevo a un perro tímido o miedoso y se acerca un niño a saludarle es el siguiente: antes de que se acerque de forma impetuosa, le digo al niño que el perro sabe hacer el truco de dar la pata y que si se agacha y le tiende la mano con una galleta, lo podrá ver. De esta manera, es el perro el que decide si se acerca o no. Alzar la mano y bajarla hasta su cabeza para acariciar, el perro puede verlo como un ataque frontal y desde arriba.

También es importante que en los primeros paseos con nuestra mascota intentemos llevarlo por lugares tranquilos y no muy transitados para, progresivamente, introducirlo en sitios más concurridos. No es una buena idea llevar a un cachorro en su primera salida a la salida de un colegio.

Las personas mayores también son algo diferentes para los perros. Porque sus gestos son más pausados, su forma de caminar es distinta y algunos ancianos llevan bastón, un objeto que al perro puede parecerle una extensión muy rara del brazo de un humano.

Si estamos un poco atentos a las interacciones de nuestro cachorro con todo tipo de personas y además le proporcionamos un gran número de buenas experiencias con ellas, tendremos a un verdadero “amigo del hombre”.

Haciendo amigos perrunos

La socialización entre perros, al ser de la misma especie y por lo tanto sin problemas para comunicarse, debería ser más fácil. Pero a veces, inconscientemente lo complicamos.

Todos los perros tienen un protocolo de señales para saludar a otro perro sin que haya ningún peligro de pelea. Cuando nuestro cachorro se encuentra con un perro adulto pueden ocurrir tres cosas: que se lance a saludarle de forma muy efusiva y tirando de la correa, que recule asustado por la presencia del mismo -quizá tras un gruñido-, o que se saluden de manera perruna: se olisqueen mutuamente el trasero para conocerse para después interactuar, o que uno ignore al otro.

En todos los casos debemos saber ayudar a nuestro perro a que haga amigos y la mejor forma de hacerlo es no intervenir demasiado. Los perros saben comunicarse entre ellos y que hacer en cada momento y es raro que haya un conflicto si no existe una variante: nuestra actitud.

Por ejemplo, cuando algunos dueños de perros pasean con su cachorro y ven a otro perro adulto, a veces intentan evitar el acercamiento y se muestran nerviosas por lo que pueda ocurrir. Suelen coger el cachorro en brazos para protegerle pero ¿Protegerle de qué? ¿De hacer un nuevo amigo? ¿Que se relacionen dos animales de la misma especie?

Lo que debemos hacer para socializar adecuadamente a nuestra mascota es presentarle a otros perros equilibrados pero dejando que entre ellos se comuniquen. Es perfectamente normal que, si un cachorro se abalanza sobre un perro adulto, éste gruña o le de un revolcón porque es muy molesto, y esa experiencia le servirá al cachorro para ir con más cuidado la próxima vez.

¿Se puede socializar a perros adultos?

Los perros adultos también pueden habituarse a las nuevas experiencias, aunque normalmente les lleva más tiempo. Existen muchos casos de mascotas que no han sido socializadas correctamente y muestran miedo y agresividad hacia personas o perros. La mayoría de estos animales han permanecido aislados durante su infancia o sus dueños no han sabido ayudarles a hacer amigos, pero se puede arreglar.

En estos casos, lo mejor es dejarse asesorar por un profesional del comportamiento canino. No es muy difícil de solucionar, pero es necesario que un educador canino explique a los dueños como deben actuar en cada momento con su perro.

El mayor problema que nos podemos encontrar con los perros adultos insociables es que además de manifestar timidez o ansiedad, pueden mostrar agresividad hacia personas o perros desconocidos. Quizá por miedo o por autodefensa pero, si no se soluciona, puede acarrear muchos problemas de convivencia.

Para corregir este problema primero hay que identificar la causa de su falta de sociabilidad y a partir de ahí, trabajar con el animal. Si conseguimos que haga un amigo perruno o que se lleve bien con una persona desconocida ya hemos ganado mucho: el perro puede generalizar que ni todos los perros extraños ni todas las personas desconocidas son una amenaza. Con tiempo y paciencia cualquier perro puede ser un amigo sociable. Se trata de empezar de nuevo, como si fuera un cachorro, pero hay que procurar eliminar los prejuicios que pueda tener el perro.

Cuantas más experiencias haya acumulado un perro durante su crecimiento, más se fortalecerá su carácter y si estas experiencias son positivas, más rápido hará amigos perrunos y humanos. En el caso de la insociabilidad de perros adultos, aunque cueste más, puede solucionarse con paciencia y cariño y sobre todo, buenas experiencias.

Javier R. Batallé

SI Y NO

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NO, los perros que están en un refugio o en una asociación protectora de animales no tienen problemas de conducta.

SI, los perros que están en un refugio o en una asociación protectora de animales tienen problemas de conducta porqué han sido abandonados. Se han quedado sin familia y están ansiosos y tristes por no poder volver a tener una casa y un entorno familiar.

NO, los perros que están en un refugio o en una asociación protectora de animales no suelen ser problemáticos. Todo lo contrario. Cuando encuentran un hogar son los perros más cariñosos y sociables del mundo.

SI, las personas que abandonan a los perros son los que tienen problemas de conducta y los que tendrían que estar en un refugio o en una asociación protectora de personas y animales, esperando una adopción que creo que nunca llegará.

NO, No hay que ser negativos. Teóricamente, nosotros los humanos somos los Homo sapiens ¿NO? ¿SI?

El de la foto se lama Bribón y me cuenta lo siguiente: "Si ser bruto es darte besos en la cara y lamerte y ponerme contento cada vez que os veo... Pues seré bruto. Pero soy muy trabajador e inteligente. Cuando tenga un hogar, quiero mimos... ¿Es tan difícil?."

Éste es uno de los perros que están, como muchos otros, en la protectora APASA de Gijón, que tiene que cerrar por problemas económicos y necesitan un hogar. 

¿Homo sapiens?

PUEDES APRENDER A COMUNICARTE CON TU PERRO... Y SER FELIZ.

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Soy adiestrador, especialista en comportamiento canino y me dedico a educar y solucionar problemas de comportamiento de los perros que, generalmente, ocurren en el entorno donde habitualmente vive el perro.

Los problemas de conducta que me describen los dueños muchas veces tienen como una de las causas el mal entendimiento entre el can y sus  humanos. En eso consiste sobre todo mi trabajo: en conseguir que perros y personas aprendan a comunicarse mejor y que puedan ser felices. Y es difícil, porque somos dos especies diferentes, pero puedo asegurar que el perro siempre, siempre pone lo que puede por su parte para conseguirlo.

Me encanta cuando me encuentro con personas que deciden involucrarse totalmente en corregir los problemas que pueda tener su perro, pensando tanto en ellos como en la felicidad de su perro. Y eso pasó hace unas pocas semanas.

Realicé un Bed & Training, que consiste en pasar dos o tres días en convivencia con el perro y su familia en su entorno, para poder hacer un adiestramiento intensivo y enseñar, tanto a los dueños como al perro, a comunicarse de forma adecuada. Porque la mayoría de problemas ocurren por falta de entendimiento.

Ese perro, Wonno, se ha convertido en uno de mis alumnos favoritos. Desde el primer momento, se involucró en el proyecto, pero lo mejor, y raro, según mi experiencia, es que se sus dueños se implicaron igual o más que él.

Wonno era un perro con problemas de agresividad hacia personas, perros, camiones, autobuses y todo lo que se moviera; y tenía episodios de TOC. Había vivido enjaulado y aislado, y seguramente maltratado, hasta que lo recogió la asociación ANAA donde conoció a sus actuales dueños.

Ayer, su dueño Marco me envío un mensaje por whatsapp que consiguió alegrarme el día y sentirme más orgulloso de mi trabajo: “Lleva 4 días genial. Por días progresa. Y lo mejor es que a él se le ve muy contento. Es como si se hubiera liberado de un peso. Así que todos felices.”

Gracias Wonno! Gracias Marco y Patti,!

Javier R. Batallé

EN PRIMAVERA, CUIDADO CON EL CALOR

Publicado en Pelo Pico Pata nº 101 - Marzo 2014

Ha llegado el verano y por lo tanto el calor. Es el momento de cambiar nuestro vestuario. Guardamos la ropa de invierno y nos vestimos con algo más ligero y fresco. De esta forma conseguimos aplacar el fuerte calor de la época estival, pero los perros continúan con su mismo traje: su piel y su pelaje.

Formas distintas de combatir el calor
Al contrario que las personas, los perros son expertos en mantener el calor pero muy malos para deshacerse de él.

A diferencia de los fríos días de invierno, cuando podemos ponerles un abrigo para sacarlos a pasear, en la época de mucho calor debemos tener en cuenta que nuestra mascota no siente el buen tiempo como lo sentimos nosotros. Los perros sufren las consecuencias de las altas temperaturas tanto o más que nosotros.

Hay que tener en cuenta que la temperatura corporal del perro es distinta a la nuestra. Mientras que nuestra temperatura media es aproximadamente de 36 grados y medio, la del perro oscila entre los 38,5 y 39 grados.

Además, nuestro organismo combate el calor de forma muy distinta a la de nuestra mascota. Mientras que las personas podemos enfriar nuestro cuerpo por medio del sudor, los perros no están provistos de las mismas glándulas sudoríparas como las nuestras, por lo que tienen que regular su temperatura corporal mediante el jadeo. De esta manera -abriendo la boca- la saliva se evapora de forma semejante a la transpiración humana. Los perros sólo pueden sudar a través de las almohadillas plantares y no a través del resto del cuerpo.

Si nos fijamos atentamente en nuestro perro cuando hace calor, podremos ver como de vez en cuando se lame la nariz. El objetivo es humedecer para buscar la evaporación y así, el descenso de la temperatura. También podemos observar que algunos perros, cuando el calor aprieta, dejan huellas de sus patitas por el suelo de casa. Es la consecuencia de sudar por el único lugar donde pueden hacerlo.

Las razas que más sufren el calor
Los perros de razas grandes, al poseer un mayor volumen y superficie corporal, tienen más dificultad para eliminar el calor. Teniendo en cuenta que sólo pueden sudar por las patas suelen pasarlo bastante mal durante la época estival. También los perros de morro chato, como los boxers, carlinos, bulldogs o pekineses, que suelen tener problemas de respiración, son animales que sufren con más intensidad cuando el calor aprieta.

Mucha gente piensa que cortando el pelo a su mascota conseguirá que esté más fresca y le ayudará a soportar las altas temperaturas, pero no es del todo cierto. Para los perros con un pelaje que crece de forma continuada que no suelen perder pelo si que es una buena opción, pero no debemos cortar el pelo a perros de razas que mudan como por ejemplo el pastor alemán o el husky. Todos estos animales poseen un pelaje que les aísla del frío, pero también del calor. Pasarles la maquina de la peluquería es hacerles una faena.

LOS PELIGROS DEL CALOR

Los molestos bichitos
Todo el mundo sabe que cuando llega el verano y las temperaturas aumentan, también lo hacen las pulgas, las garrapatas y los peligrosos mosquitos que hostigan a nuestras mascotas. Aunque todos los parásitos son peligrosos y su picadura puede causar diversas enfermedades, el mosquito de la leishmaniosis (flebótomo) es quizá el más peligroso. Aunque en un principio sólo actuaba en la zona mediterránea, últimamente está reproduciéndose de forma alarmante por toda la península ibérica. La picadura de este mosquito puede causar la muerte a la mayoría de perros que no reciban tratamiento, generalmente de por vida.

Pero en todas las clínicas o consultas veterinarias y tiendas especializadas de mascotas existen una gran variedad de antiparasitarios para prevenir y eliminar los molestos parásitos. Podemos elegir entre collares, pipetas, sprays, pastillas o champús.

El terrible “golpe de calor”
El golpe de calor es un accidente que desgraciadamente ocurre con mucha frecuencia en la época estival.

Cómo ya hemos dicho antes, la temperatura corporal del perro oscila entre los 38,5 y 39 grados. Si el cuerpo de muestra mascota llega a superar los 42 grados o menos pero con un nivel de humedad alto, se produce el fatal golpe de calor. El animal sufre la pérdida de glucosa y sales minerales, y un aumento del ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria. Esta situación puede llegar a causar una muerte fulminante. Los síntomas más visibles cuando se produce, son jadeo exagerado, tambaleo, negativa a moverse y temblores musculares.

Hay que evitar que este accidente ocurra porque la consecuencia suele se fatal, y la prevención es el mejor método para que no se produzca. Algunas medidas que debemos tomar cuando hace mucho calor son las siguientes:
 
- ¿Quién no se ha sorprendido al intentar entrar en su coche después de dejarlo aparcado bajo el sol? Es imposible entrar, parece un horno, y debemos esperar unos minutos con las puertas abiertas, hasta que se enfríe un poco. Por lo tanto, nunca debemos dejar al perro confinado en un lugar cerrado y sin ventilación. Dentro del coche -aunque sea con las ventanillas semibajadas-, en menos de 15 minutos la temperatura en su interior puede alcanzar los 50 grados y provocar la muerte del animal por un ataque de calor.

- Los parkings cerrados y las bodegas de los barcos también son muy peligrosos. Aunque podamos pensar que al estar cubiertos, no les da el sol, la acumulación de humedad y calor en estos lugares es muy importante.

- Los cachorros y los perros de edad avanzada son más propensos a sufrir un schok. Los primeros por tener el sistema inmunológico inmaduro, y los animales mayores al no poder mantener una temperatura corporal adecuada con la misma facilidad que un perro joven.

- Hay que tener siempre disponible agua fresca y limpia, y mojarle asiduamente la cabeza y la barriga, ya que son dos de las zonas menos protegidas. También debemos tener en cuenta que, con el calor, los perros beben mucha más cantidad de agua para hidratarse y una consecuencia de ello es que tendrá más ganas de salir a hacer pipí.

- No dar largos paseos bajo el sol con los perros. Adecuar los horarios de paseo con juego y ejercicio a primera hora de la mañana y última de la tarde. Algunos perros no son conscientes que han de parar de vez en cuando a descansar tras un periodo de ejercicio. Debemos detener el juego si vemos que jadea demasiado o hace mucho calor para seguir haciendo ejercicio.

- Los perros de manto negro, absorben más calor que los perros de piel o pelaje claro, y sufren más cuando están expuestos al sol.

- Si el perro lleva bozal, éste debe ser lo suficientemente amplio para que pueda sacar la lengua.

En el caso que se produzca un golpe de calor debemos actuar rápidamente, Estos serían los pasos a seguir:

1.- Intentar bajar la temperatura corporal del animal llevándolo a un sitio fresco y aplicar frío en las zonas más sensibles como la cabeza, cuello, inglés y axilas.

2.- Mojar al perro con agua no demasiado fría y humedecerle la boca sin obligarle a beber.

3.- Llevarlo con urgencia al veterinario.

El asfalto de la ciudad: Un infierno para los pies
Nosotros vamos calzados, pero los perros no. ¿Alguien ha probado a pasear por la calle de una ciudad a pleno sol descalzo? Nos quemaríamos los pies. Pues lo mismo le pasa a nuestra mascota, y además, ese intenso calor que irradia el suelo, también afecta a su barriga, pues está muy cerca del asfalto, y en ocasiones -sobre todo en los cachorros- este calor puede producirle desarreglos digestivos.

Por lo tanto, no debemos extrañarnos que nuestro perro cambie su comportamiento cuando suben las temperaturas y lo sacamos a pasear en horas de mucho calor. Es muy posible que observemos conductas no habituales como por ejemplo que camine más rápido y tire de la correa hacia la sombra, se niegue a seguir caminando y se resista a tumbarse o a sentarse en el suelo, ni aunque se lo ordenemos.

Siempre es agradable pasear con nuestro fiel amigo un día soleado, sobre todo en la época estival, pero debemos ser conscientes que los peligros que el calor puede entrañar y vigilar un poco más sus reacciones.

Javier R. Batallé