EL SENTIDO MÁS DESARROLLADO: EL OLFATO DEL PERRO

Vasos sanguíneos en la nariz del perro.

Vasos sanguíneos en la nariz del perro.

El sentido del olfato del perro se caracteriza tanto por su sensibilidad como por su capacidad de discriminación. 

Para una amplia variedad de compuestos, la concentración mínima en el aire que puede ser captada por el olfato del perro es entre 103 -108 veces inferior a la detectable por los humanos.

Las adaptaciones responsables de estas diferencias no se conocen con certeza. No obstante, la superficie de la mucosa olfatoria del perro –al menos en algunas razas- es de unos 18 cm. cuadrados, frente a los 2-4 cm. cuadrados de los humanos. Por otra parte, en los humanos sólo una pequeña proporción del aire inspirado es conducido a la mucosa olfatoria, mientras que en el perro esta proporción es mayor.

El perro muestra además una extraordinaria capacidad de discriminación entre diferentes olores presumiblemente muy parecidos. Por ejemplo, perros convenientemente adiestrados pueden distinguir entre parejas de gemelos univitelinos mediante el olor, aunque sólo cuando ambos gemelos están presentes. Se podría comparar la capacidad de discriminación olfativa canina con la capacidad de discriminación visual de los humanos.

Fragmento de Etología clínica veterinaria del perro y el gato. Xavier Manteca - 1997. Multimédica

Posted on January 16, 2019 .

ADIESTRABILIDAD

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Adiestrar un perro es establecer un código de comunicación con él. Que entienda lo que queremos de él para su beneficio y el nuestro. Es poder relacionarse con él sin barreras.
La comunicación y la empatía (conceptos muy poco ejercitados últimamente entre los humanos) son la clave de una buena relación con tu perro.

Posted on December 15, 2018 .

CUANDO TU PERRO SE ENFADA

Publicado en Pelo Pico Pata nº 107 - Septiembre 2014

La conducta agresiva es el problema más común por el que los propietarios de un perro acuden a un etólogo o a un adiestrador y, para tratarla, es necesario conocer su causa.

Uno de los problemas de conducta que más me consultan los dueños de perros es el de la agresividad. Y con frecuencia la pregunta es la misma: “Mi perro es agresivo ¿Que puedo hacer?” Y la respuesta tampoco cambia: “Deberemos ver el porqué de ese comportamiento".

La agresividad no es una anomalía psíquica. En realidad no es un problema de conducta. Todos los animales pueden ser agresivos; los humanos también. La diferencia está en que, mientras las personas normalmente podemos controlarla de forma más efectiva, los animales no. La agresividad se convierte en un problema cuando el perro la manifiesta en un contexto inadecuado.

Pero algo muy importante que debemos saber es que la agresividad es sobre todo un síntoma de otro problema de conducta que muchas veces nos es difícil identificar. Todas los instintos del animal están diseñados para su supervivencia y bajo determinadas circunstancias, una gran parte de esas conductas innatas pueden manifestarse en forma de agresión.

Por ejemplo, si un perro es agresivo hacia sus dueños cuando intentan acariciarlo o le despiertan cuando duerme, el animal seguramente tiene un problema de dominancia, que puede haberse agravado al no establecer sus dueños una jerarquía estable en el entorno social en el que se mueve. O cuando un perro ladra a todos los perros y se muestra agresivo cuando paseamos por la calle, es probable que ese perro no haya tenido una socialización adecuada durante su infancia y vea a los otros canes como enemigos a los que evitar a toda costa. Para solucionar un problema de agresividad hay que arreglar la causa que la produce.

¿QUÉ ES LA AGRESIVIDAD?
Para los perros la agresividad es un comportamiento adaptativo que les ayuda a conseguir un objetivo. Por ejemplo, un perro puede tener como objetivo mantener la distancia entre él y algo o alguien que le asusta o que le irrita. Si se muestra agresivo hacia el estímulo que quiere evitar y le sale bien, esta conducta tenderá a repetirse en posteriores ocasiones.

La agresividad, al igual que cualquier otra manifestación de conducta, no surge porque si. Generalmente es consecuencia de varios factores. Entre ellos, habría que destacar el entorno del animal, la relación con sus dueños y otros perros, acontecimientos traumáticos ocurridos en el pasado, el nivel de estrés, un aprendizaje inadecuado, miedo, comportamientos instintivos super desarrollados y, en todos ellos tienen mucho que ver los factores genéticos. Pero con esto no debemos arriesgarnos a decir taxativamente que existen razas con más tendencia a la agresión.

Por encima de todo está el individuo canino. Un perro de raza pitbull no tiene porque ser un perro agresivo, aunque si que es cierto que pertenece a una raza con predisposición a ser más agresiva que otra. Y lo más importante: al ser un perro de una gran potencia física, el daño que es capaz de ocasionar en un episodio agresivo es mayor al que puede ejercer un caniche, por ejemplo.

Según el famoso etólogo Konrad Lorenz: “La agresión forma parte del comportamiento en todos los animales, incluido el ser humano, cuyo comportamiento agresivo es uno de los más trascendentales aspectos de su conducta y uno de los pilares sobre los que sustenta su organización social. Por tanto, no estamos en condiciones de juzgar la agresividad, como tal, de ninguna otra especie. Pecaríamos de cinismo.”

LAS SEÑALES DE AGRESIVIDAD
Para asegurarnos que el perro manifiesta agresividad e incluso a que tipo de agresión podemos enfrentamos, debemos observar detenidamente que signos externos manifiesta.

Morder es la expresión más clara, pero en la gran mayoría de los casos antes de la mordida hay otras manifestaciones que nos avisan del problema que tenemos ante nosotros.

Existen dos formas de agresividad, la ofensiva y la defensiva. La primera puede reconocerse porque el perro mantiene una postura dominante (cola alta, orejas erguidas, mirada fija), mientras que la segunda se caracteriza por una actitud evasiva (cola entre las patas, orejas gachas, mirada esquiva).

Cuando la conducta agresiva llega ya a un momento más preocupante el perro puede mostrar otros signos. Algunos son los siguientes: gruñir, lanzar una dentellada al aire, mostrar los dientes, erizar el pelo del lomo o ladrar de forma amenazante.

Dependiendo del tipo de agresividad, las señales que podemos observar pueden variar. Por ejemplo, un perro estresado o irritado, antes de mostrar los dientes o gruñir para defender su comida o, sencillamente, porque le molesta que nos acerquemos, puede mantener la boca “muy cerrada”, mirando de soslayo, lo que indica que está bajo una situación de estrés muy aguda.

En los casos de agresividad dirigida hacia las personas del entorno del perro adulto, o sea nosotros, nunca hay que enfrentarse al animal. Es muy peligroso. Debemos evitar cualquier pelea que la mayoría de las veces ganaría nuestra mascota. Por pequeño que sea, siempre será más rápido, capaz de soltar una dentellada y salir corriendo a refugiarse.

¿CACHORROS AGRESIVOS?
Como hemos dicho antes, la agresividad es algo innato y por lo tanto, cualquier perro puede manifestar alguna vez una conducta agresiva. Incluso a edad muy temprana. Por eso hemos de aprovechar la poca experiencia de los cachorros para enseñarles a controlar este comportamiento.

Existen factores genéticos que predisponen más a la agresividad, y probablemente podemos observar algunas conductas preocupantes de nuestra pequeña mascota que deberemos corregir.

Los juegos que más gustan a todos los perros, sobre todo a los más jóvenes, son los que implican competitividad: estirar de una cuerda, intentar llegar a la pelota antes que otro, etc. Con esta forma de jugar, los niveles de adrenalina suben, al igual que en una situación de estrés o en un episodio agresivo. 

Debemos aprovechar el juego con nuestra mascota para enseñarle a controlar la agresividad. Por ejemplo, cuando veamos que el cachorro empieza a gruñir, mientras estira de un juguete o persigue una pelota, debemos parar de jugar, tranquilizarlo y no reanudar el juego hasta que este calmado. Es una buena forma de aumentar el vínculo con nuestra mascota, establecer una relación jerárquica estable y prevenir posibles problemas.

TIPOS DE AGRESIVIDAD Y SU CAUSA
El primer paso para el tratamiento de un problema agresividad consiste en identificar que tipo de agresividad es la que muestra el perro y conocer la causa. Para conseguirlo es imprescindible conocer las diferentes formas de agresión existentes. Aquí veremos las más frecuentes:

La agresión por dominancia es la más frecuente de todas las conductas agresivas de los perros. Suele observarse sobre todo en machos sin castrar, adultos, y con una mayor incidencia en los animales puros de raza, que en los mestizos. Hay que diferenciar entre la agresión por dominancia hacia perros y la dirigida a las personas.
La conducta agresiva hacia otros perros por dominancia está causada por el intento de subir en la escala jerárquica con otros perros que pueda encontrarse en el entorno, mientras que las manifestaciones de agresividad hacia personas sólo se producen dentro del núcleo familiar. A veces, incluso contra sólo uno o dos de sus miembros. Este problema está causado por la tendencia genética del perro a dominar y la permisividad de los dueños con su mascota.

La agresión por miedo es otro de los problemas más comunes de consulta. Esta tipo de agresividad está causada por el miedo del perro a alguna cosa, persona o animal, y se manifiesta cuando un perro está muy asustado pero no puede escapar de la situación que le causa temor. Entonces, su reacción más probable es atacar. Este tipo de comportamiento puede verse muchas veces en la calle, cuando vemos a un perro que se muestra agresivo con otros canes que se acercan, mientras pasea con su dueño sujeto por la correa. Al estar atado y verse impedido en la huida, al perro no le queda otra poción que atacar para ver si aleja a sus “enemigos”.

Las causas más probables de este problema son una pobre o inadecuada socialización, o algún episodio traumático que haya podido experimentar en el pasado. Además de los posibles conflictos con otros perros, en ocasiones esta agresividad puede dirigirse hacia los niños, por la misma causa.

En la agresión territorial, el perro muestra una conducta ofensiva hacia gente extraña y canes desconocidos que invaden su territorio. Los perros y las personas que forman parte de la familia no son atacados en este tipo de agresividad. Es una conducta normal en el perro y en muchos casos buscadas por los propietarios, pero muchas veces el animal se excede en esta conducta y resulta un problema a solucionar. La causa de esta conducta suele ser un instinto territorial muy desarrollado. Pero además puede añadirse un aprendizaje a veces inconsciente de los propietarios. La forma en que se refuerza esta conducta (generalmente, el intruso siempre huye), hace que se convierta en un problema difícil de corregir.

La agresividad por posesión de recursos es una conducta donde pueden unirse varias conductas instintivas como la territorialidad o la dominancia, por ejemplo. Suele ocurrir en diferentes grados, primero con señales de aviso y después con la mordida.
Esta causada por un fuerte impulso de posesividad y una insuficiente educación en su fase de cachorro.

La agresión originada en el juego ocurre porque la acción de jugar lleva cierta carga de estrés que aumenta la agresividad dentro del mismo. Ya hemos visto anteriormente las características de esta forma de agresividad.

La agresión predatoria es uno de los tipos de agresividad más peligrosos. Es un comportamiento muy instintivo: el resultado de la liberación de los instintos cazadores de los cánidos. El estímulo que desencadena la conducta es el movimiento de una presa o de algo que sencillamente corre en sentido contrario al perro. Esta forma de agresión puede dirigirse hacia niños pequeños, bicicletas, coches, perros pequeños y otros animales como los gatos. El gran problema de este comportamiento es que no hay aviso, pues la conducta depredadora de los perros exige silencio a la hora de la caza. Son pocos los perros que atacan ladrando a la presa. La causa principal es un instinto depredador muy desarrollado. Para evitar problemas, debemos procurar no agudizar más esta conducta innata con juegos de ir a buscar la pelota o estirar de la cuerda. Sólo puede controlarse con una buena obediencia.

Otros tipos de agresividad son la agresividad redirigida, por ejemplo, que se manifiesta cuando un perro muerde a su dueño que se mete en una pelea de perros para intentar separarlos; la agresividad por dolor, que es una agresión defensiva del perro cuando nos acercamos a una parte del cuerpo que le duele; la agresividad por frustración, que ocurre cuando el perro no consigue algo que quiere intensamente; o la agresividad idiopática, un tipo de agresión que se desconoce la causa, aunque algunos autores creen que puede deberse a algún anomalía genética.

TRATAR LA AGRESIVIDAD
Cuando intuimos un problema de agresividad en el comportamiento de nuestra mascota, lo primero que hay que hacer es asesorarse por un especialista, generalmente un veterinario que deberá descartar cualquier problemá orgánico subyacente que pueda originar el problema. En el caso de que no exista ninguna patología; un especialista en comportamiento canino deberá observar al perro e informarse sobre su conducta para poder ayudarnos a tratar el problema.

El protocolo a seguir en un problema de agresividad es el siguiente:

- Visita al veterinario para descartar problemas orgánicos.
- Asesorarse con un especialista en comportamiento canino.
- En algunos casos, como en problemas por dominancia o territorialidad en machos, la castración es efectiva en un tanto por ciento muy elevado. No así en las hembras, que puede agudizar el problema.
- Si el tratamiento conductual (clases de obediencia, asesoramiento, modificación de los hábitos y el entorno) no es suficiente, puede apoyarse con un tratamiento farmacológico, siempre autorizado y supervisado por un veterinario.

La agresividad es un problema que puede tener diversas causas y su pronóstico y tratamiento son diferentes según el tipo de agresividad que presenta el animal. Aunque,  la agresividad hacia personas y la agresividad hacia perros pueden tener causas muy parecidas, es conveniente utilizar un protocolo de trabajo distinto para cada una de ellas.

Hay que entender, prever y si es necesario, corregir con suficiente antelación cualquier forma de comportamiento agresivo para poder modificarlo. Sólo asi conseguiremos una mejor convivencia e integración de nuestra mascota en la sociedad conseguir una convivencia más armoniosa.

Javier R. Batalle

APOLO. MI PRIMER ALUMNO.

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Hoy es diez de Octubre y cuando me he despertado y he visto qué día es, he estado preguntándome de qué me suena esa fecha. Y a lo largo de la mañana lo he recordado. Ese día, hace más de dos décadas, tuve mi primer alumno. Se llamaba Apolo, un rottweiler con problemas de agresividad.

El caso era difícil, muy difícil. Quien me contrató era una mujer de avanzada edad que tenía un hijo con problemas de esquizofrenia, que se juntaba con grupos de chavales de ideología punk y deseaba que su perro fuera lo más agresivo y temerario del mundo. Como suele ocurrir, al final era su madre quien tenía que ocuparse de pasearlo y cuidarlo. Su hijo me pidió en una ocasión si podía enseñar a su perro a atacar a la gente y a otros perros, que si no, ese perro no le servía para nada.

Ese diez de Octubre, cuando fui a visitar a Apolo, fue el día que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Pero os describo la escena de ese día al llegar a su casa:

Me recibe la madre y me cuenta el problema. Un psiquiatra con pocas luces había recomendado que lo mejor para tratar la esquizofrenia de su hijo era comprarle un perro (aunque no le dijo que tipo de perro, que él eligiera). Por lo tanto el chico decidió un rottweiler, aunque aún no era considerada una raza potencialmente peligrosa (consideración de unos zotes e ignorantes que se dedican a decretar leyes sin saber), no era un perro adecuado para él.

Mi clienta me llevó a una habitación, el dormitorio de su hijo, donde el perro estaba gruñendo y destrozando las sabanas y comiéndose literalmente la cama. Al abrir la puerta se lanzó hacia mi con toda la agresividad que puedo recordar. Después de que pudiésemos cerrar la puerta, le pedí a mi clienta que necesitaba que le pusiese el bozal, el collar y la correa, y que a partir de ahí, ya me ocupaba yo. Esa fue mi primera gran decisión. Era mi primer alumno, y pensé: si me quiero dedicar a esto…¡A por todas!

Me lo llevé a la calle. Dentro del ascensor, cuando bajábamos, se puso a dos patas intentando morderme la cara con una furia descontrolada. Por suerte llevaba el bozal. En la calle se calmó algo, pero rodamos por el suelo un par de veces, dando un espectáculo dantesco por una de las calles de Barcelona más transitadas. Pero no podía abandonar.

Al final, más por cansancio que por terapia, nos sentamos en un banco y le hablé, le acaricié, me comunique con gestos, con su idioma. Fue en ese momento en el que si que tome la decisión de ser educador canino, adiestrador y perrólogo. Porque vi en Apolo una mirada que nunca sabré describir con exactitud, pero era la mirada de alguien que sufría y que pedía ayuda.

Al cabo de cuatro días, observé los ojos de Apolo y decidí quitarle el bozal, con miedo, pero sabía que era necesario. Me lo pedía. Y lo primero que hizo fue darme un lametazo, acercarse más a mi y con un pequeño gruñido me dijo: GRACIAS.

No pude curar al chico, no es mi trabajo. Pero conseguí que su madre pudiera pasear a Apolo con total tranquilidad, y sobre todo, que no hiciera ni caso a su hijo. Pero eso ya fue decisión de Apolo.

Tres años después, estaba trabajando por la Gran Vía de Barcelona y, de repente oí un tremendo ruido de botellas y vasos cayendo en el suelo, y vi a un grupo de unos seis punks abalanzándose hacia mi con un rottweiler a la cabeza. Era Apolo. Estaba atado a la mesa de la terraza de un bar y al verme me reconoció y se lanzó a saludarme y a comerme a lametazos.

Muchas gracias Apolo. Mi primer perro. El que me ayudo a que ayudará a otros perros.

La foto no es de Apolo, pero me recuerda a él. En aquellos tiempos no existía el móvil y hacer fotos era más complicado.

Posted on October 10, 2018 .

EL MACHO ALFA EN EL ADIESTRAMIENTO CANINO

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“Establecen su posición jerárquica mediante combates. Posteriormente bastará con amenazas y actitudes para que los "súbditos" recuerden el liderazgo y evitar inútiles enfrentamientos. El mando absoluto lo ostenta un macho que normalmente es el que más batallas ha librado y mejores resultados ha obtenido.”

Félix Rodríguez de la Fuente

La cuestión de la dominancia social, la jerarquía social y la posición alfa de un individuo en un grupo ha creado, últimamente, muchos debates y controversias.

Para muchos, no existe este tipo de dominancia y el macho alfa no existe. Según sus argumentos, lo que realmente ocurre es que los miembros de la familia son los que muestran posturas sumisas al dominante de forma voluntaria, para evitar conflictos. Por lo tanto, la jerarquía en un grupo social animal es inexistente.

Ni estoy de acuerdo, ni comparto estas ideas. Porque de quien quiero escribir es del líder de la manada humana, de su macho alfa, el dominante, tirano, ignorante, injusto, desequilibrado emocionalmente, envidioso y con complejos de inferioridad: el macho alfa que me encuentro una de cada tres veces que voy a tratar a un perro con supuestos problemas de comportamiento.

Estoy hablando del macho alfa humano injusto al que le molesta terriblemente que otro macho humano llegue a su territorio y vea que su perro le hace más caso que a él, el macho que no quiere ni necesita un adiestrador, y dice que a su perro lo tiene controlado, que son cosas de su mujer.

Estoy hablando del macho alfa humano que le dice a su pareja que se ocupe ella del perro, que si quiere que su perro no tenga problemas de comportamiento llame ella a un educador, porque él, no tiene ningún problema.

Estoy hablando del maleducado y cobarde macho alfa humano lleno de inseguridades que ni saluda cuando llega a su casa al verme trabajar con su perro y se esconde.

Estoy hablando del ignorante macho alfa que, cuando ve que su perro mejora su comportamiento, solo con paciencia y aprendizaje para comunicarse con él, decide dejar el adiestramiento.

Estoy hablando del macho alfa con complejos de inferioridad que no soporta que otra persona consiga lo que él no ha conseguido nunca: que su perro le quiera.

También estoy hablando del macho alfa envidioso y controlador que me recibe en la primera visita para tratar al perro y mientras estoy con el pobre animal y me comunico con él, su dueño manifiesta los siguientes síntomas:

  • Generalmente estará sentado, con los brazos en cruz y mirando al suelo.

  • No apagará la televisión o la encenderá durante la conversación.

  • No preguntará nunca

  • Si su mujer o hijos, dan una opinión, la revocará inmediatamente.

  • Dirá que nunca ha tenido ningún problema con su perro.

  • Siempre echará la culpa a su mujer, sus niños o al perro. Nunca él.

Y sobre todo, el sonido típico que todo macho alfa humano emite cuando intentas demostrarle que la violencia no es la solución para un problema, por ejemplo de agresividad:

Si me muerde a mi le pego para abajo y lo reviento ¡Vamos! Porque le tengo cariño, que si no…” o, “Le doy una patada y asunto arreglado. Lo que pasa es que estos le consienten todo”.

¿Y si hablamos de castración a un perro macho para tratar un problema de comportamiento?

En esa cuestión no hay argumentos que valgan. El macho alfa humano dirá que eso es antinatural, que a su perro no lo castra nadie. Generalmente, cuando dan sus opiniones sobre el tema, que no duran más que unos segundos, puedo ver que se tocan sus órganos genitales. Supongo que para ver si aún están ahí, no sea que un maldito adiestrador canino con mucha rapidez se los haya extirpado.

Últimamente me he encontrado con varios casos de este tipo, incluso inimaginablemente peores y por eso quiero escribirlo. He visto casos de maltrato psicológico al perro por parte del macho alfa que creo y me preocupa que puedan derivarse hacia el resto de la familia.

Una de las premisas para tratar cualquier comportamiento del perro es que estén presentes todos los miembros de la familia durante la primera visita para evaluar el problema, y también en las sesiones posteriores del tratamiento o adiestramiento. Sin embargo, es casi siempre la mujer la que se pone en contacto conmigo para solicitar mis servicios y el marido, si aparece en algún momento, lo hace de forma esporádica, emitiendo algún gruñido o intentando de forma muy torpe que el perro se acerque a él, para así demostrar su dominancia.

Durante los 21 años de mi profesión, puedo asegurar que muchos adiestramientos y tratamientos de conducta de perros han fracasado por culpa de la intervención del macho alfa humano en el adiestramiento. Y eso duele. Porque se que podrían solucionar los problemas de su perro, para que sea más feliz, para que pueda convivir en paz. Pero eso al macho alfa no le interesa. El macho alfa quiere llevar el control.

La psicología define a la dominancia como una necesidad de ser importante, de influir y manejar el ambiente. Los perros y los lobos son animales jerárquicos. Entre ellos existe la dominancia y la sumisión, pero son justos, inteligentes, equilibrados emocionalmente, no tienen complejos de inferioridad y no son envidiosos.

Los perros no necesitan usar la fuerza para demostrar su liderazgo y todos los comportamientos dentro de la manada van encaminados a evitar cualquier enfrentamiento y conseguir una buena convivencia. El macho alfa humano solo cree en la violencia para dominar al subordinado.

Los machos alfa humanos que he descrito tienen esa necesidad de sentirse importantes, pero nunca lo serán, querrán influir y manejar a su antojo a los demás y quizá lo consigan, pero nunca conseguirán que un animal tan noble e inteligente como un perro los respete o quiera.

Mi enhorabuena a todos mis clientes que no pertenecen a la especie a la que me he referido en este escrito. Con ellos da gusto trabajar y, gracias a ellos, el adiestramiento o el tratamiento de problemas de conducta de sus perros siempre ha sido un éxito.

Javier R. Batallé

Posted on September 19, 2018 .

SHIH TZU: EL PERRO LEÓN

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Cuenta la leyenda que en el Lejano Oriente se crearon ciertas razas para encarnar al perro león, símbolo de la introducción del budismo en diversas culturas asiáticas: shi zi (en chino), kara shishi (en japonés), kang sena (en tibetano), su tu (en vietnamita) y sing tow (en tailandés) son todas palabras que designan al animal fantástico que se convirtió al dharma de Buda, la doctrina de la paz, y cuya réplica los humanos intentaron crear cruzando diversos perros pequeños para obtener ejemplares pequeños, peludos y de cara aplastada.
El de la foto es Trasgu, que de león también tiene algo, pero sobre todo de listo y encantador.

Posted on September 19, 2018 .