APOLO. MI PRIMER ALUMNO.

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Hoy es diez de Octubre, y cuando me he despertado y he visto que día es, he estado preguntándome de qué me suena esa fecha. Y a lo largo de la mañana lo he recordado. Ese día, hace más de dos décadas, tuve mi primer alumno. Se llamaba Apolo, un rottweiler con problemas de agresividad.

El caso era difícil, muy difícil. Quien me contrató era una mujer de avanzada edad que tenía un hijo con problemas de esquizofrenia, que se juntaba con grupos de chavales de ideología punk y deseaba que su perro fuera lo más agresivo y temerario del mundo. Como suele ocurrir, al final era su madre quien tenía que ocuparse de pasearlo y cuidarlo. Su hijo me pidió en una ocasión si podía enseñar a su perro a atacar a la gente y a otros perros, que si no, ese perro no le servía para nada.

Ese diez de Octubre, cuando fui a visitar a Apolo, fue el día que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Pero os describo la escena de ese día al llegar a su casa:

Me recibe la madre y me cuenta el problema. Un psiquiatra con pocas luces había recomendado que lo mejor para tratar la esquizofrenia de su hijo era comprarle un perro (aunque no le dijo que tipo de perro, que él eligiera). Por lo tanto el chico decidió un rottweiler, aunque aún no era considerada una raza potencialmente peligrosa (consideración de unos zotes e ignorantes que se dedican a decretar leyes sin saber), no era un perro adecuado para él.

Mi clienta me llevó a una habitación, el dormitorio de su hijo, donde el perro estaba gruñendo y destrozando las sabanas y comiéndose literalmente la cama. Al abrir la puerta se lanzó hacia mi con toda la agresividad que puedo recordar. Después de que pudiésemos cerrar la puerta, le pedí a mi clienta que necesitaba que le pusiese el bozal, el collar y la correa, y que a partir de ahí, ya me ocupaba yo. Esa fue mi primera gran decisión. Era mi primer alumno, y pensé: si me quiero dedicar a esto…¡A por todas!

Me lo llevé a la calle. Dentro del ascensor, cuando bajábamos, se puso a dos patas intentando morderme la cara con una furia descontrolada. Por suerte llevaba el bozal. En la calle se calmó algo, pero rodamos por el suelo un par de veces, dando un espectáculo dantesco por una de las calles de Barcelona más transitadas. Pero no podía abandonar.

Al final, más por cansancio que por terapia, nos sentamos en un banco y le hablé, le acaricié, me comunique con gestos, con su idioma. Fue en ese momento en el que si que tome la decisión de ser educador canino, adiestrador y perrólogo. Porque vi en Apolo una mirada que nunca sabré describir con exactitud, pero era la mirada de alguien que sufría y que pedía ayuda.

Al cabo de cuatro días, observé los ojos de Apolo y decidí quitarle el bozal, con miedo, pero sabía que era necesario. Me lo pedía. Y lo primero que hizo fue darme un lametazo, acercarse más a mi y con un pequeño gruñido me dijo: GRACIAS.

No pude curar al chico, no es mi trabajo. Pero conseguí que su madre pudiera pasear a Apolo con total tranquilidad, y sobre todo, que no hiciera ni caso a su hijo. Pero eso ya fue decisión de Apolo.

Tres años después, estaba trabajando por la Gran Vía de Barcelona y, de repente oí un tremendo ruido de botellas y vasos cayendo en el suelo, y vi a un grupo de unos seis punks abalanzándose hacia mi con un rottweiler a la cabeza. Era Apolo. Estaba atado a la mesa de la terraza de un bar y al verme me reconoció y se lanzó a saludarme y a comerme a lametazos.

Muchas gracias Apolo. Mi primer perro. El que me ayudo a que ayudará a otros perros.

La foto no es de Apolo, pero me recuerda a él. En aquellos tiempos no existía el móvil y hacer fotos era más complicado.

Posted on October 10, 2018 .

EL MACHO ALFA EN EL ADIESTRAMIENTO CANINO

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“Establecen su posición jerárquica mediante combates. Posteriormente bastará con amenazas y actitudes para que los "súbditos" recuerden el liderazgo y evitar inútiles enfrentamientos. El mando absoluto lo ostenta un macho que normalmente es el que más batallas ha librado y mejores resultados ha obtenido.”

Félix Rodríguez de la Fuente

La cuestión de la dominancia social, la jerarquía social y la posición alfa de un individuo en un grupo ha creado, últimamente, muchos debates y controversias.

Para muchos, no existe este tipo de dominancia y el macho alfa no existe. Según sus argumentos, lo que realmente ocurre es que los miembros de la familia son los que muestran posturas sumisas al dominante de forma voluntaria, para evitar conflictos. Por lo tanto, la jerarquía en un grupo social animal es inexistente.

Ni estoy de acuerdo, ni comparto estas ideas. Porque de quien quiero escribir es del líder de la manada humana, de su macho alfa, el dominante, tirano, ignorante, injusto, desequilibrado emocionalmente, envidioso y con complejos de inferioridad: el macho alfa que me encuentro una de cada tres veces que voy a tratar a un perro con supuestos problemas de comportamiento.

Estoy hablando del macho alfa humano injusto al que le molesta terriblemente que otro macho humano llegue a su territorio y vea que su perro le hace más caso que a él, el macho que no quiere ni necesita un adiestrador, y dice que a su perro lo tiene controlado, que son cosas de su mujer.

Estoy hablando del macho alfa humano que le dice a su pareja que se ocupe ella del perro, que si quiere que su perro no tenga problemas de comportamiento llame ella a un educador, porque él, no tiene ningún problema.

Estoy hablando del maleducado y cobarde macho alfa humano lleno de inseguridades que ni saluda cuando llega a su casa al verme trabajar con su perro y se esconde.

Estoy hablando del ignorante macho alfa que, cuando ve que su perro mejora su comportamiento, solo con paciencia y aprendizaje para comunicarse con él, decide dejar el adiestramiento.

Estoy hablando del macho alfa con complejos de inferioridad que no soporta que otra persona consiga lo que él no ha conseguido nunca: que su perro le quiera.

También estoy hablando del macho alfa envidioso y controlador que me recibe en la primera visita para tratar al perro y mientras estoy con el pobre animal y me comunico con él, su dueño manifiesta los siguientes síntomas:

  • Generalmente estará sentado, con los brazos en cruz y mirando al suelo.

  • No apagará la televisión o la encenderá durante la conversación.

  • No preguntará nunca

  • Si su mujer o hijos, dan una opinión, la revocará inmediatamente.

  • Dirá que nunca ha tenido ningún problema con su perro.

  • Siempre echará la culpa a su mujer, sus niños o al perro. Nunca él.

Y sobre todo, el sonido típico que todo macho alfa humano emite cuando intentas demostrarle que la violencia no es la solución para un problema, por ejemplo de agresividad:

Si me muerde a mi le pego para abajo y lo reviento ¡Vamos! Porque le tengo cariño, que si no…” o, “Le doy una patada y asunto arreglado. Lo que pasa es que estos le consienten todo”.

¿Y si hablamos de castración a un perro macho para tratar un problema de comportamiento?

En esa cuestión no hay argumentos que valgan. El macho alfa humano dirá que eso es antinatural, que a su perro no lo castra nadie. Generalmente, cuando dan sus opiniones sobre el tema, que no duran más que unos segundos, puedo ver que se tocan sus órganos genitales. Supongo que para ver si aún están ahí, no sea que un maldito adiestrador canino con mucha rapidez se los haya extirpado.

Últimamente me he encontrado con varios casos de este tipo, incluso inimaginablemente peores y por eso quiero escribirlo. He visto casos de maltrato psicológico al perro por parte del macho alfa que creo y me preocupa que puedan derivarse hacia el resto de la familia.

Una de las premisas para tratar cualquier comportamiento del perro es que estén presentes todos los miembros de la familia durante la primera visita para evaluar el problema, y también en las sesiones posteriores del tratamiento o adiestramiento. Sin embargo, es casi siempre la mujer la que se pone en contacto conmigo para solicitar mis servicios y el marido, si aparece en algún momento, lo hace de forma esporádica, emitiendo algún gruñido o intentando de forma muy torpe que el perro se acerque a él, para así demostrar su dominancia.

Durante los 21 años de mi profesión, puedo asegurar que muchos adiestramientos y tratamientos de conducta de perros han fracasado por culpa de la intervención del macho alfa humano en el adiestramiento. Y eso duele. Porque se que podrían solucionar los problemas de su perro, para que sea más feliz, para que pueda convivir en paz. Pero eso al macho alfa no le interesa. El macho alfa quiere llevar el control.

La psicología define a la dominancia como una necesidad de ser importante, de influir y manejar el ambiente. Los perros y los lobos son animales jerárquicos. Entre ellos existe la dominancia y la sumisión, pero son justos, inteligentes, equilibrados emocionalmente, no tienen complejos de inferioridad y no son envidiosos.

Los perros no necesitan usar la fuerza para demostrar su liderazgo y todos los comportamientos dentro de la manada van encaminados a evitar cualquier enfrentamiento y conseguir una buena convivencia. El macho alfa humano solo cree en la violencia para dominar al subordinado.

Los machos alfa humanos que he descrito tienen esa necesidad de sentirse importantes, pero nunca lo serán, querrán influir y manejar a su antojo a los demás y quizá lo consigan, pero nunca conseguirán que un animal tan noble e inteligente como un perro los respete o quiera.

Mi enhorabuena a todos mis clientes que no pertenecen a la especie a la que me he referido en este escrito. Con ellos da gusto trabajar y, gracias a ellos, el adiestramiento o el tratamiento de problemas de conducta de sus perros siempre ha sido un éxito.

Javier R. Batallé

Posted on September 19, 2018 .

SHIH TZU: EL PERRO LEÓN

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Cuenta la leyenda que en el Lejano Oriente se crearon ciertas razas para encarnar al perro león, símbolo de la introducción del budismo en diversas culturas asiáticas: shi zi (en chino), kara shishi (en japonés), kang sena (en tibetano), su tu (en vietnamita) y sing tow (en tailandés) son todas palabras que designan al animal fantástico que se convirtió al dharma de Buda, la doctrina de la paz, y cuya réplica los humanos intentaron crear cruzando diversos perros pequeños para obtener ejemplares pequeños, peludos y de cara aplastada.
El de la foto es Trasgu, que de león también tiene algo, pero sobre todo de listo y encantador.

Posted on September 19, 2018 .

SOCIALIZAR AL PERRO: HACIENDO AMIGOS

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Todos queremos que nuestra mascota se lleve bien con otros perros, con las personas y que no tenga miedo a nuevas experiencias, pero no siempre es así. Algunos perros muestran conductas problemáticas como ansiedad, miedo o agresividad que, en muchas ocasiones tienen una causa común: una inadecuada socialización.

El periodo más sensible: la impronta

Las experiencias y las relaciones que pueda tener un perro durante su infancia afectan de un modo decisivo en su futuro desarrollo y en su comportamiento. Pero hay un periodo de tiempo determinado de socialización (también llamado impronta o imprinting), durante el cual, el ambiente tiene un efecto muy intenso y duradero. Todo lo que aprenda o experimente el cachorro en esa etapa no lo olvidará nunca, sobre todo si han sido experiencias traumáticas. Este periodo de socialización comprende desde las tres a las 12 semanas de vida y es cuando el cachorro descubre realmente el mundo que le rodea.

La impronta en el perro ocurre entre la tercera y la duodécima semana de vida del cachorro, siendo su periodo más critico entre la quinta y la octava semana. Posteriormente, las experiencias que viva nuestra mascota también le afectaran de modo importante, pero no de forma casi irreversible como ocurre en el periodo sensible. Es importante conocer esto porque hay que cuidar mucho la forma en que el cachorro experimenta los nuevos estímulos que va descubriendo en el día a día. Por ejemplo, si durante su infancia es mordido o atacado por otro perro, puede que a partir de ese momento se convierta en un cachorro miedoso o, ya de adulto, muestre agresividad hacia otros perros. Pasa lo mismo con las personas. Es muy importante que conozca todo tipo de personas: mujeres, niños, personas mayores, y procurar que sus primeros contactos con ellas sean todos lo más agradable posible.

La vida social de un bebé perro.

Lo normal es que durante los dos o tres primeros meses de vida, el cachorro sólo conozca a su madre, sus hermanos y poco más. Está en un entorno seguro, con su familia canina, pero de repente -generalmente a los tres meses -, lo sacamos de su ambiente y lo llevamos a nuestro hogar. Con la mejor intención, lo cogemos en brazos, le hablamos en un idioma desconocido para él y lo trasladamos a un entorno totalmente desconocido: nuestra casa. ¿Os imagináis si nos pasará a nosotros?

Probablemente, el veterinario nos habrá recomendado (y con razón) no sacarle de casa hasta que le hayan aplicado todas las vacunas para que no pueda infectarse de ningún virus. Durante varios días, lo más habitual es que nuestra mascota viva en nuestro hogar relacionandose con nosotros y con nadie más. En este tiempo, para él cachorro sólo existirá nuestra familia y su entorno. Todas sus experiencias se basarán en eso. Pero podemos hacer algo más.

Lo desconocido provoca miedo

Para el perro, visualmente, son muy diferentes un perro, una persona mayor, un joven o un niño. También los sonidos de la ciudad, el trafico, los ruidos de las típicas obras y otras cosas a las que nosotros ya nos hemos habituado, son estímulos con lo que se va a encontrar nuestra mascota en distintos momentos de su vida.

Los perros discriminan y guardan en su “disco duro” los diferentes entornos, sonidos y olores que pueda apreciar para luego reconocerlos, analizarlos y actuar en consecuencia. Pero si solo conoce los estímulos de su hogar, las personas que son su familia y los sonidos y olores que existen en su ambiente, puede ocurrir que cuando comience a salir a la calle todo lo desconocido que vea, huela u oiga le puedan asustar. Y lo que no se conoce puede causar miedo y estrés. Hay que tener en cuenta que todos los animales evitan lo desconocido y si es necesario, se muestran agresivos hacia algo que pueda parecer una amenaza, para alejarla.

El aislamiento o la falta de experiencias con otros perros y/o personas puede hacer que nuestra mascota se convierta en un animal insociable con los consiguientes problemas de conducta, pero también debemos tener en cuenta el ambiente, ya que en ocasiones, el perro puede asociar un estimulo que le asusta con la presencia o cercanía de otro animal o persona. Por ejemplo: si mientras está saludando a una persona, de repente suena un petardo cerca que le asuste, puede asociar la acción de saludar con el terrible ruido que ha explotado a sus pies. Y si durante la primera salida al parque para jugar con otros amigos perrunos, están haciendo obras con el consiguiente ruido que eso produce, puede que cada vez que se acerque al parque se muestre ansioso y todos los elementos que hay en él lugar los vea como una amenaza, incluso al relacionarse con otros perros del parque.

¿Cómo conseguir el mejor amigo de las personas?

Aunque hay que hacer caso a nuestro veterinario y para evitar contagios no debemos pasear con el cachorro hasta que no tenga todas las vacunas, es importante llevarlo en brazos de vez en cuando a la calle para que vea gente nueva cada día. Así se acostumbrará a los nuevos olores y sonidos e intentaremos que cuando se acerque alguien a saludar a esa preciosa “bolita de pelo”, trataremos que lo haga con suavidad y sin asustarlo.

La socialización con las personas depende sobre todo de estímulos visuales, por lo tanto hay que tener en cuenta que la imagen de un niño es muy diferente a la de un adulto, la de una mujer de un hombre e, incluso la visión de una persona con uniforme o llevando un casco o una gorra, también son distintos a los ojos de un perro. Es importante que nuestra mascota tenga contacto con todo tipo de gente y que las interacciones sean siempre lo más positivas posibles. Y sobre todo hay que prestar atención a la relación con los niños.

Los niños, desde el punto de vista del perro son como pertenecientes a una especie distinta: se mueven más rápido e impulsivamente, hablan distinto y con una voz más aguda, gritan, hacen aspavientos y siempre llevan algo en la mano o tienden a coger lo primero que encuentran. Y aunque lo hacen con la mejor intención, su forma de saludar a un perro es casi agresiva. El cachorro puede interpretar todos estos gestos como una amenaza. Además, los niños no huelen como los adultos y para cualquier cachorro inexperto es difícil identificarlos como cachorros humanos.

Los primeros contactos de nuestro cachorro con personas adultas o niños ha de ser siempre agradables, sin sustos ni malentendidos. Por eso es importante que el acercamiento sea muy tranquilo. La mejor forma de hacerlo es dejando que sea el perro el que inicie la relación. Un truco que utilizo mucho en la calle cuando llevo a un perro tímido o miedoso y se acerca un niño a saludarle es el siguiente: antes de que se acerque de forma impetuosa, le digo al niño que el perro sabe hacer el truco de dar la pata y que si se agacha y le tiende la mano con una galleta, lo podrá ver. De esta manera, es el perro el que decide si se acerca o no. Alzar la mano y bajarla hasta su cabeza para acariciar, el perro puede verlo como un ataque frontal y desde arriba.

También es importante que en los primeros paseos con nuestra mascota intentemos llevarlo por lugares tranquilos y no muy transitados para, progresivamente, introducirlo en sitios más concurridos. No es una buena idea llevar a un cachorro en su primera salida a la salida de un colegio.

Las personas mayores también son algo diferentes para los perros. Porque sus gestos son más pausados, su forma de caminar es distinta y algunos ancianos llevan bastón, un objeto que al perro puede parecerle una extensión muy rara del brazo de un humano.

Si estamos un poco atentos a las interacciones de nuestro cachorro con todo tipo de personas y además le proporcionamos un gran número de buenas experiencias con ellas, tendremos a un verdadero “amigo del hombre”.

Haciendo amigos perrunos

La socialización entre perros, al ser de la misma especie y por lo tanto sin problemas para comunicarse, debería ser más fácil. Pero a veces, inconscientemente lo complicamos.

Todos los perros tienen un protocolo de señales para saludar a otro perro sin que haya ningún peligro de pelea. Cuando nuestro cachorro se encuentra con un perro adulto pueden ocurrir tres cosas: que se lance a saludarle de forma muy efusiva y tirando de la correa, que recule asustado por la presencia del mismo -quizá tras un gruñido-, o que se saluden de manera perruna: se olisqueen mutuamente el trasero para conocerse para después interactuar, o que uno ignore al otro.

En todos los casos debemos saber ayudar a nuestro perro a que haga amigos y la mejor forma de hacerlo es no intervenir demasiado. Los perros saben comunicarse entre ellos y que hacer en cada momento y es raro que haya un conflicto si no existe una variante: nuestra actitud.

Por ejemplo, cuando algunos dueños de perros pasean con su cachorro y ven a otro perro adulto, a veces intentan evitar el acercamiento y se muestran nerviosas por lo que pueda ocurrir. Suelen coger el cachorro en brazos para protegerle pero ¿Protegerle de qué? ¿De hacer un nuevo amigo? ¿Que se relacionen dos animales de la misma especie?

Lo que debemos hacer para socializar adecuadamente a nuestra mascota es presentarle a otros perros equilibrados pero dejando que entre ellos se comuniquen. Es perfectamente normal que, si un cachorro se abalanza sobre un perro adulto, éste gruña o le de un revolcón porque es muy molesto, y esa experiencia le servirá al cachorro para ir con más cuidado la próxima vez.

¿Se puede socializar a perros adultos?

Los perros adultos también pueden habituarse a las nuevas experiencias, aunque normalmente les lleva más tiempo. Existen muchos casos de mascotas que no han sido socializadas correctamente y muestran miedo y agresividad hacia personas o perros. La mayoría de estos animales han permanecido aislados durante su infancia o sus dueños no han sabido ayudarles a hacer amigos, pero se puede arreglar.

En estos casos, lo mejor es dejarse asesorar por un profesional del comportamiento canino. No es muy difícil de solucionar, pero es necesario que un educador canino explique a los dueños como deben actuar en cada momento con su perro.

El mayor problema que nos podemos encontrar con los perros adultos insociables es que además de manifestar timidez o ansiedad, pueden mostrar agresividad hacia personas o perros desconocidos. Quizá por miedo o por autodefensa pero, si no se soluciona, puede acarrear muchos problemas de convivencia.

Para corregir este problema primero hay que identificar la causa de su falta de sociabilidad y a partir de ahí, trabajar con el animal. Si conseguimos que haga un amigo perruno o que se lleve bien con una persona desconocida ya hemos ganado mucho: el perro puede generalizar que ni todos los perros extraños ni todas las personas desconocidas son una amenaza. Con tiempo y paciencia cualquier perro puede ser un amigo sociable. Se trata de empezar de nuevo, como si fuera un cachorro, pero hay que procurar eliminar los prejuicios que pueda tener el perro.

Cuantas más experiencias haya acumulado un perro durante su crecimiento, más se fortalecerá su carácter y si estas experiencias son positivas, más rápido hará amigos perrunos y humanos. En el caso de la insociabilidad de perros adultos, aunque cueste más, puede solucionarse con paciencia y cariño y sobre todo, buenas experiencias.

Javier R. Batallé