No nos extrañamos y nos parece bien que el perro se divierta mordiendo su hueso o sus juguetes. El problema surge cuando lo que mastica son nuestras pertenencias. Solemos decir que es un perro malo y no nos paramos a pensar que quizá, lo que ocurre es que el animal no puede llegar a diferenciar lo que para nosotros es aceptable masticar y lo que no. Y muchas veces, la culpa de esta confusión es nuestra.