El ejemplo más frecuente es el de “la zapatilla vieja”: El problema llega cuando, en lugar de su juguete, lo que acaba entre sus dientes es nuestra zapatilla, el cojín del sofá o la manta de su cama. Pero antes de echarle la culpa al perro, quizá deberíamos preguntarnos si alguna vez le hemos explicado qué cosas puede morder y cuáles no.
Hay un clásico que se repite en muchos hogares: el cachorro descubre una zapatilla y empieza a mordisquearla. Nosotros, encantados de que por fin esté entretenido, se la dejamos o incluso puede que se la demos expresamente.
Los zapatos o zapatillas son objetos muchas veces perseguidos por el cachorro cuando está en los pies de su dueño: se mueven, siempre por el suelo y tienen olores muy diferentes. Cuando ya por fin en algún descuido, el cachorro consigue llevársela a la boca y romperla, acabamos dándosela como juguete. Ese es el gran error: el perro no puede diferenciar lo que es una zapatilla vieja o un zapato caro. Sonreímos cuando mastica la zapatilla que le hemos regalado pero nos enfadamos mucho al ver que ha destrozado nuestros zapatos recién comprados ¿Creemos que los perros conocen el precio o el valor de las cosas? Para el perro un zapato es un zapato, y si le hemos demostrado que mordisquear una zapatilla vieja esta bien, para él, todos los objetos que calzan nuestros pies, se mueven por el suelo y huelen a nosotros son apropiados para morder.
Y esto no ocurre solamente con los zapatos
El mismo error lo podemos cometer con un calcetín viejo. Jugamos con él a tirar y aflojar, dejamos que lo muerda y nos reímos cuando sale corriendo con él por toda la casa. O le dejamos mordisquear la manta de su cama porque pensamos que no pasa nada. El perro aprende que las cosas de tela que están por casa se pueden morder. Y después llegan las sorpresas: el cojín, el sofá, una cortina que se mueve con el aire... Para nosotros son objetos diferentes. Para el perro son objetos de tela con una textura muy parecida.
Y aquí está una las clave del problema: el perro no piensa en nuestras cosas como nosotros. No sabe que ese cojín es caro, que esa manta es nueva o que esa cortina la compramos ayer.
Así que antes de llamar «destructor» a nuestro perro, quizá convenga mirar un poco hacia nosotros.
La clave está en enseñarle qué puede hacer y qué no, en lugar de limitarse a reñirle cuando ya ha hecho el destrozo. Trabajo como etólogo canino, adiestrador canino en Asturias y educador canino a domicilio, ayudando a mejorar el comportamiento y la convivencia mediante un trabajo adaptado a cada caso.