El perro da tres vueltas sobre sí mismo, se tumba, se acomoda, suspira profundamente. Las vueltas, creemos saber porque las da. Aun cuando el suelo que pisa sea una alfombra, un cojín o una simple tabla lisa, el perro conserva grabada en los circuitos arcaicos del cerebro la necesidad silvestre de acamar la hierba y el mato antes de tumbarse, como hacían los lobos, sus antepasados, y los de ahora siguen haciendo.
Mucha gente amplia su familia adoptando un segundo perro como compañía para el que ya tienen o, simplemente porque disfrutan tanto de la convivencia con perros que no se resisten a sumar uno más al hogar. Sea cual sea el motivo, es una decisión importante que conviene valorar con calma.