Para un perro, la llegada de un bebé supone una auténtica revolución en su rutina. De repente aparecen nuevos sonidos, nuevos olores, nuevas normas y, sobre todo, un nuevo ser que concentra gran parte de la atención de sus dueños. Hasta ese momento, probablemente el perro había sido el centro del universo familiar. A partir de ahora tendrá que aprender a compartir protagonismo. Y eso requiere adaptación.
Lo más habitual es que el perro sienta curiosidad por el bebé. Querrá acercarse, olfatearlo y comprobar qué ocurre cada vez que ese pequeño ser emite un sonido extraño y todos acuden corriendo. Esa curiosidad es completamente normal. El perro no llega pensando: “Han traído un enemigo a casa”. Más bien intenta entender por qué ha aparecido un humano diminuto capaz de controlar a los adultos con solo bostezar.
Además, la llegada de un bebé modifica inevitablemente muchas rutinas diarias: cambian los horarios de paseo, disminuye el tiempo disponible, algunas habitaciones dejan de estar permitidas y aparecen objetos nuevos por toda la casa. Y aquí es donde muchas familias cometen el error más frecuente: cambiar todas las normas justo el día que el bebé entra por la puerta.
Si el perro estaba acostumbrado a subir al sofá, dormir en la habitación o entrar libremente en determinadas zonas de la casa y queremos modificar esas conductas, debemos hacerlo con suficiente antelación. De lo contrario, el perro puede asociar todas esas prohibiciones directamente con la llegada del bebé.
Cuanto más claras sean las nuevas normas y más progresivos los cambios, más fácil será la adaptación. Si va a cambiar el horario de paseos, conviene acostumbrarlo semanas antes. Si no podrá entrar en una habitación, hay que enseñárselo con la suficiente antelación. Y si vamos a utilizar carrito durante los paseos, también es recomendable habituarlo a ese nuevo objeto antes de que llegue el bebé.
Lo más importante es evitar que el perro se sienta desplazado. Un recién nacido exige muchísimo tiempo y atención, pero eso no significa que el perro deba desaparecer emocionalmente de la familia. Mantener sus paseos, dedicarle momentos de atención y conservar parte de sus rutinas ayuda enormemente a reducir el estrés y favorece una buena convivencia..
Al final, la mayoría de los perros se adaptan perfectamente a la llegada de un bebé cuando los cambios se hacen con sentido común y sin dramatismos. El perro solo necesita entender cuáles son las nuevas normas de convivencia y comprobar que sigue formando parte de la familia.
La educación del perro desde el principio es clave para evitar problemas futuros. Trabajo como etólogo canino, adiestrador canino en Asturias y educador canino a domicilio, ayudando a mejorar la convivencia y la comunicación entre el perro y sus propietarios.