La tecnología de hoy nos sorprende cada día con avances espectaculares. Robots que limpian la casa, coches que casi se conducen solos, móviles que hacen de todo menos el café… Sin embargo, hay un campo en el que la tecnología aún no ha conseguido superar a un colaborador que llevamos millones de años teniendo a nuestro lado: el perro.
Todos los perros, cuando más acentuado es el olor que desprende algo (materia orgánica, excrementos, cuerpos putrefactos de animales), más tienden a restregarse sobre ellos. La finalidad de este comportamiento es impregnarse del olor del objeto en que se han revolcado.
Cuando queremos comunicarnos con nuestros perros, es fundamental recordar que su forma de percibir y entender el mundo es distinta a la nuestra. Aunque comparten con nosotros los mismos canales sensoriales —oído, vista y olfato—, el desarrollo de estos sentidos es muy diferente. Comprender esas diferencias es clave para relacionarnos mejor con ellos.
Una de las características más fascinantes de la visión canina es la capacidad de los perros para ver en la oscuridad, una habilidad heredada de sus antepasados, los lobos, quienes eran expertos cazadores nocturnos.