El juego en el perro es una reproducción ficticia de algunas de sus conductas instintivas, sobre todo el comportamiento de caza: buscar, acechar, abalanzarse, perseguir, sujetar y sacudir.
Todas estas conductas podemos observarlas claramente en cualquier parque en el que se encuentran sueltos dos perros amigos. Por ejemplo: nuestra mascota ve a un perro conocido y se tumba acechando. De repente, sale disparado y se abalanza sobre él. Su amigo sale corriendo y empieza una persecución, quizá con una pelota o un palo en la boca. Si alcanza al otro perro, puede que intente derribarle empujando o mordiéndole las patas traseras; y si se están con un juguete como una cuerda anudada o algo similar es muy posible que tiren de ella con fuerza y sacudiendo.
Pero ¿cómo saben los perros que todos estos comportamientos son parte del juego y no una disputa agresiva o un ataque depredador de otro can?
Todos los perros tienen una señal de invitación al juego. Es un gesto muy típico que todos hemos visto sobre todo en los cachorros. Y no sólo la expresan a los otros miembros de su especie, sino que también a nosotros. Esta señal corporal se manifiesta de la siguiente manera: el perro se inclina ante el compañero con el que quiere jugar, estira las las patas delanteras y, con la boca abierta y relajada a ras de suelo y el trasero arriba, mueve la cola con expresión divertida.
Es una posición que indica al otro sujeto, sea perro o persona que a partir de ese momento, toda lo que viene a continuación no va en serio. Y entonces, puede empezar el juego por muy brusco que parezca.
En el caso de los perros que ya se conocen y son compañeros de juego habituales, generalmente recurren a una señal muy reducida del ritual de invitación al juego. Es casi inapreciable. La familiaridad entre los dos animales permite esta variante poco formal.
Jugar a cazar es lo que más les gusta a los perros y en este juego habitualmente existen ensayos de conducta depredadora. En cualquier parque con perros sueltos podemos ver como algunos canes juegan a perseguirse e incluso intercambian el rol de perseguidor a perseguido. Aunque generalmente el que hace el papel de depredador es el perro con más instinto cazador, no es extraño observar a un caniche persiguiendo a un pastor alemán.
Además, todos los perros tienen conciencia de la fortaleza y debilidad de sus compañeros de juego. Si un perro grande golpea sin querer a uno pequeño con fuerza y lo revuelca, el perro de mayor tamaño suele “pedir disculpas” iniciando de nuevo la expresión de invitación al juego.
Los perros grandes bien socializados saben controlar sus impulsos cuando juegan con perros pequeños y saben reprimirse en sus saltos y empujones hacia el compañero de juego. Incluso algunos se dejan caer al suelo para que los más pequeños se abalancen sobre ellos. Y cuando se trata de un juego entre perros adultos y cachorros, los de mayor edad suelen adaptarse al estilo de juego de los cachorritos.
El juego con personas
Estos juegos derivados del instinto de caza pueden ser muy divertidos para nuestras mascotas, pero ¿Qué pasa cuando juegan con nosotros?
Esta claro que los juguetes favoritos de los perros son los que les recuerdan a una presa y activan su conducta de caza. Por ejemplo: la pelota que le lanzamos y va votando o corriendo a gran velocidad a ras del suelo, la cuerda anudada con la que solemos jugar al tira y afloja, el frisbee o disco volador que “imita” el vuelo de un pájaro, el juguete de goma que pita cuando lo aprietas emitiendo un sonido agudo parecido al de una presa herida o asustada.
Con todos estos juguetes que proporcionamos a nuestra mascota, conseguimos que el juego sea ameno, que el perro desgaste su energía acumulada y creamos un mejor vínculo con él. Pero a veces, durante el juego, el perro quiere imponer sus propias reglas y ya no es tan divertido. Es frecuente que nuestra mascota no quiera devolvernos la pelota, que juegue demasiado bruscamente al "tira y afloja", que no pare de ladrar para que le tiremos la pelota o que se le escape algún mordisco sin intención, pero igualmente doloroso.
Cuidado con los niños
Los niños están acostumbrados a jugar con los perros de forma similar a como lo hacen con otros niños. Les encanta perseguir a su mascota y que ésta les persiga, agarrar a su compañero de juego o intentar quitarle la pelota por la fuerza.
Por desgracia, esta forma de juego ha ocasionado varios accidentes. Hay que tener en cuenta que la mayoría de mordiscos hacia niños por parte de los perros son en la cara, y esto es debido a que el rostro es lo más accesible para los canes: está justo a su altura.
Hay que enseñar a los niños cómo jugar con el perro. El acto de intentar coger la pelota o un juguete que el animal lleve en la boca es muy peligroso. Aunque nuestro perro sea un cachorro muy tranquilo, el juego de intentar quitarle la presa puede derivar en un mordisco no intencionado.
Juegos peligrosos
Las personas y los perros compartimos distintas maneras de jugar. Tanto a los perros como a nosotros nos encanta jugar juntos con una pelota, estirar una cuerda y otros tipo de juegos bruscos y de gran actividad física, pero a los perros además, también les gusta jugar a revolcarse por el suelo, enzarzarse en una lucha ficticia, morder las patas de su amigo perseguido, etc. Todos estos comportamientos, aunque muy lúdicos para nuestros amigos perrunos pueden llegar a ser peligrosos para las personas, y sobre todo para los niños.
Las personas apresamos con las manos, mientras que los perros lo hacen con la boca. Cuando los niños juegan a luchar no muerden cuando se atacan. Se sujetan los brazos, las piernas o el cuerpo sin morder. Pero los perros si lo hacen. Además, al igual que los niños juegan a la lucha en el recreo y a veces se les va la mano en mitad del juego, a los perros les pasa lo mismo. Pueden empezar a jugar bruscamente y lastimarse sin querer por culpa de un mordisco fuera de lugar o un empujón mal dado.
Tanto los perros como los niños sienten una gran excitación cuando se encuentran en un juego muy bullicioso y el patio de recreo de los niños o el parque de los perros puede convertirse en un lugar de pelea en cualquier momento.
Con el juego se consiguen muchas cosas: el perro aprende sobre su propia fuerza y debilidad con respecto a otros perros y personas. El juego influye de forma positiva en el desarrollo de su personalidad, crea un mejor vínculo con sus dueños y descarga su carga instintiva que muchas veces está reprimida por la vida en la ciudad. Pero para evitar accidentes y malentendidos con nuestra mascota debemos poner nosotros las reglas. Es el único modo para que todos nos lo pasemos igual de bien.
Educar y adiestrar a tu perro basandonos en el juego, en la diversión y en lo que le gusta siempre será más fácil para conseguir el mejor resultado. Soy etólogo canino, adiestrador y educador canino y me gusta enseñarles y educarles jugando con ellos. Si no se lo pasan bien, no aprenden