Como etólogo y educador canino con más de treinta años de experiencia en el adiestramiento canino, he comprobado que una de las mayores dificultades que tienen los propietarios es precisamente esta: no entender cómo se comunican los perros. Para lograr una comunicación fluida con ellos, es esencial conocer cómo funcionan sus sentidos: lo que ven, lo que oyen y, sobre todo, lo que son capaces de oler. Aunque los perros utilizan canales comunicativos similares a los humanos —oído, vista y olfato—, el desarrollo y la importancia de estos sentidos es muy diferente.
En lo que respecta al oído, los perros pueden percibir frecuencias ultrasónicas que resultan inaudibles para nosotros. Esto explica por qué, en muchas ocasiones, determinadas conductas nos desconciertan. Es habitual ver a un perro inquieto o aparentemente distraído sin una causa evidente. Sin embargo, en muchos casos está reaccionando a un estímulo que nosotros no percibimos: el sonido lejano de un coche, el ladrido de otro perro a distancia o incluso campanas que suenan a varios kilómetros.
En cuanto a la comunicación visual, debemos tener en cuenta que el perro nos observa desde una perspectiva distinta: nos ve desde abajo hacia arriba. Este detalle, aparentemente simple, tiene consecuencias importantes en la forma en que interactuamos con él. Gestos que para nosotros son normales pueden resultar invasivos o amenazantes. Por ejemplo, extender la mano directamente hacia su cabeza —algo que hacemos de forma automática— puede generar incomodidad o incluso una respuesta defensiva si el perro no nos conoce.
El olfato es el sentido más desarrollado del perro y uno de los más importantes en su forma de comunicarse y entender el mundo. Su capacidad olfativa es enormemente superior a la humana. Cada persona tiene un olor característico, y los perros no solo nos reconocen por él, sino que también son capaces de detectar cambios en nuestro organismo.
Variaciones en el estado emocional, como el nerviosismo o el miedo, pueden ser percibidas a través del olor corporal. Incluso pueden anticipar ciertos episodios fisiológicos antes de que ocurran.
Entender cómo se comunican los perros no consiste en humanizar su comportamiento, sino en aprender a interpretar sus señales desde su propia lógica. Solo así es posible establecer una comunicación más clara y una relación más equilibrada.
Cuando se comprende el lenguaje del perro y se adapta la forma de interactuar con él, muchos problemas de comportamiento dejan de aparecer o se reducen de forma significativa. Mejorar la comunicación no es solo una cuestión teórica, sino una herramienta práctica para la convivencia diaria con el perro.
La educación del perro desde el principio es clave para evitar problemas futuros. Soy etólogo canino, adiestrador canino en Asturias y educador canino a domicilio, ayudando a mejorar la convivencia y la comunicación entre el perro y sus propietarios.