¿SON LOS PERROS UNOS COCHINOS?

Publicado en Pelo Pico Pata nº 98 - Diciembre 2013

Algunos perros a veces tienen un comportamiento muy desagradable e insólito: se revuelcan en animales muertos o en excrementos, comen sus propias heces o las de otros animales… Todas estas conductas, inaceptables para nosotros, parecen ser totalmente normales para nuestra mascota.

¿POR QUÉ SON TAN COCHINOS?
Esta es una pregunta que nos hacemos muchos dueños de perros cuando durante el paseo, vemos al perro -con el que a veces compartimos sofá o nos da un lametazo en la cara- revolcándose en el fango o en algo apestoso, o comiendo una caca. Para nosotros es algo asqueroso y no podemos entender que pasa por la cabeza de nuestra mascota cuando, después de hacerlo, regresa con la cabeza erguida y casi sonriendo. No parece que se sienta culpable. Parece el perro más feliz del mundo, pero intentemos entenderlo.

Comportamiento ancestral
Los perros descienden de los lobos y aunque ahora mismo no se parezcan mucho, aún conservan rasgos genéticos de sus ancestros. Muchos de estos rasgos instintivos podrían explicar estas conductas tan desagradables que de vez en cuando nos regalan nuestras mascotas.

El tema de la coprofagia (comer heces) es un comportamiento normal en los cánidos sólo si lo manifiestan las hembras cuando consumen las deposiciones de sus cachorros para mantener limpia el lugar de cría. El olor de las heces de las crías puede atraer a otros depredadores, además de ser un foco de infecciones parasitarias, por lo que la madre suele limpiar la guarida de la única forma posible: comiéndoselas.

Otro aspecto a tener en cuenta sobre esta conducta es que depredadores como los lobos, cuando cazan una presa, se alimentan de casi todo el animal, incluyendo las visceras e intestinos donde se haya toda la materia fecal. Además, cuando escasea la caza y el alimento, todos los cánidos no tienen otra opción que adaptarse y comportarse como carroñeros. Generalmente, las heces de los grandes herbívoros tienen un alto valor nutritivo.

Con respecto al problema de revolcarse en animales muertos, heces de otros animales o barro hay que tener en cuenta que los lobos son animales cazadores y, durante la caza, procuran ocultar su olor y cubrirse con uno diferente para que la presa no les detecte. Son conductas instintivas que facilitan el éxito en la caza y por lo tanto la supervivencia.

Esto podría explicar la conducta innata de nuestros perros de revolcarse en algún cadáver o en inmundicias como basura o heces de otro animal para camuflarse, aunque no tenga ahora mismo ningún sentido. Nuestra mascota tendrá cada día comida en su plato y su rincón favorito libre de molestias, pero será difícil convencerle de que ya no es un lobo.

COPROFAGIA
Como ya hemos visto, que las perras coman las heces de sus crías antes de que empiecen a caminar es una conducta adaptadora que permite mantener limpios a los cachorros y el capazo. Pero comer las propias deposiciones o la de otros animales es una conducta anómala y también muy desagradable. Además, se corre el peligro de infección por parásitos intestinales que pueden hallarse en las heces de otro animal.

Este comportamiento es más habitual en cachorros, a veces por imitación de su madre. Pero si mantenemos limpio su espacio y lo tenemos vigilado, el problema suele desaparecer con el tiempo. Pero pueden existir otras causas, sobre todo en el caso de perros adultos:

Los animales sobrealimentados y los que padecen enfermedades gastrointestinales tales como la mala absorción de los nutrientes, pueden tener mayores cantidades de ingredientes no digeridos en las heces. En este caso, sus excrementos pueden ser más apetitosos y atractivos para algunos perros.

Los cachorros que hayan vivido en un lugar sucio y limitado donde no se recogen con asiduidad sus excrementos es probable que, por aburrimiento, lleguen a jugar con sus propias heces y acabar masticándolas.

También puede ser una conducta reforzada inconscientemente por el propietario. Si castigamos al perro acercando el morro a sus heces, indicando lo que no debe hacer, nuestra mascota puede entender algo muy diferente: que debe comérselas. Si empieza a hacerlo y las heces desaparecen, no habrá castigo y el animal aprende que lo mejor que puede hacer es ingerirlas.

Algunos trastornos de comportamiento como la ansiedad por separación o el estrés también pueden originar esta conducta. Muchos perros son capaces de hacer algo que saben que será castigado con tal de llamar la atención. Prefieren una buena reprimenda a la soledad o a que sus dueños no le hagan caso.

Las heces de caballo, de vaca y de gato pueden ser especialmente atractivas para algunos perros y además contienen algunos nutrientes muy apetecibles para los perros.

Por último, la coprofagia puede también deberse al resultado de una enfermedad. En cualquier caso, si nuestra mascota manifiesta esta alteración de conducta, lo mejor es consultar al veterinario.

REVOLCARSE EN INMUNDICIAS
La conducta de revolcarse en animales muertos, heces de otros animales, fango u otros objetos malolientes no es una conducta anómala, pero si poco aceptable para nuestra convivencia.

La importancia que el olor tiene en el mundo canino debe cambiar la interpretación que hacemos sobre este comportamiento. Nuestra respuesta a los distintos olores normalmente es que algo huele bien o huele mal. Del mismo modo que nosotros disfrutamos al ver un paisaje lleno de colores gracias a la riqueza de nuestro sentido de la vista, para el perro, cualquier cosa que huela es un mundo rico en aromas.

A todos los perros les atrae sobre todo lo más podrido. Se trata sin ninguna duda de un comportamiento heredado de los lobos, pero existen muchas teorías sobre cual es el origen y función de esta conducta:

Se ha sugerido que es un intento de camuflar el olor como respuesta al instinto cazador. Los cazadores humanos también se camuflan - con prendas de color verde o marrón para confundirse con el entorno-. Los perros de raza cazadora son más proclives a efectuar esta conducta por lo que se cree que esta pueda ser una de las razones.

También existe la teoría de que a todos los cánidos les gusta restregarse en inmundicias para oler más intensamente. Teniendo en cuenta que el sentido del olfato es el más importante para todos los perros, cuanto más olor desprenda un perro, más importancia le darán los demás perros del entorno. Es una forma de hacerse notar.

Esta última explicación quizá sea la más valida, aunque sea sólo por la observación de los perros que una vez bien impregnados de un olor apestoso, vuelven satisfechos y corren hacia nosotros con la cabeza erguida, cara de felicidad y mostrando una “sonrisa” que aún nos desespera más.

Cuestión de gustos
Si nos fijamos bien, cuando las personas nos ponemos colonia para oler bien, solemos colocarnos unas gotitas en el cuello y quizá en la cabeza. ¿Y que hacen los perros para impregnarse de algo maloliente para nosotros? doblan las patas delanteras y se frotan repetidamente el lado del cuello, la parte superior de la cabeza y finalmente se colocan boca arriba. Se están perfumando... pero con un aroma muy distinto al nuestro.

¿Donde está la diferencia? ¿Qué opinan nuestras mascotas cuando nos perfumamos?
La gran mayoría de colonias y perfumes que nos ponemos para “oler bien” tienen los siguientes ingredientes: almizcle (parte de grasa del vientre de los ciervos); ámbar gris (un líquido derivado del esperma de las ballenas), algalia (secreciones de glándulas reproductoras de las flores) y otros componentes que si los perros pudieran leerlos, quizá tendrían una opinión distinta sobre nosotros. Pensarían que tampoco hay tanta diferencia con revolcarse en el fango o en el cadáver de un pájaro.

Un dato a tener en cuenta es que ningún perro se revuelca sobre sus propias heces. Les gustan los olores nuevos, pero sólo los aromas que ellos prefieren y si hay que oler a algo para sentirse cómodo, prefieren los olores conocidos. Por eso, todos los perros, después de bañarlos con un champú especial para perros, o cuando les ponemos una loción que para nosotros huele a rosas, ellos corren rápidamente a restregarse en la alfombra, el sofá o si tienen ocasión, por la tierra o la hierba del exterior. Los perros quieren oler a perros y si no, a lo que ellos quieran. Decidir a que queremos que huela nuestra mascota es como disfrazar a un niño con un disfraz que no les gusta. Pierde su identidad.

Los perros no son unos cochinos. Sencillamente su herencia genética hace que en ocasiones, se comporten de una forma desagradable e inaceptable para la convivencia en nuestra sociedad. En lo que respecta a la coprofagia, el problema se puede solucionar si conocemos bien la causa y mantenemos vigilada a nuestra mascota. Pero las diferencias existentes sobre lo que es “oler bien” y sus preferencias por otros aromas son imposibles de cambiar. Los perros consiguen oler bien para sí mismos y eso es lo que más les importa.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé