CESAR MILLÁN VERSUS BORJA CAPPONI

Cuatro parece ser la cadena de televisión que más se interesa por el mundo del perro, ya que emitió la exitosa serie El Encantador de Perros y, desde hace poco, la ha replicado a la española con Malas Pulgas. Ambos programas han suscitado controversias entre los profesionales de la educación animal, especialmente éste último.

Desde 2007, cuando Cuatro empezó a emitir El Encantador de Perros (Dog Whisperer, en la versión original), presentado por el entrenador canino mexicano César Millán, con gran éxito de audiencia, el tema de la educación de los perros parece ser que por fin empezó a interesar en este país. Tanto es así, que la misma cadena, desde abril de este año, está emitiendo una versión española, Malas Pulgas, presentado por el “experto en conducta animal”, Borja Capponi, que ha creado polémica entre los profesionales de la educación canina.

Ambos programas tratan de resolver los problemas de comportamiento de los perros presentados en tan sólo 50 minutos. Algo que cualquier profesional del tema o cualquier propietario de un perro con alguna problemática similar que haya acudido a un educador canino, sabe que es imposible. Hay que dejar claro que ambos programas son un espectáculo televisivo y no programas educativos.

Además, mientras que el programa de César Millán, reconocido entrenador de perros a nivel internacional, fue producido por el National Geographic Channel, referente en temas de animales y naturaleza; el de Borja Capponi, cuyo currículum es un misterio -dado que ni en su propia página web aparece-, está producido por Bocaboca Producciones, una de las principales empresas de producción audiovisual de este país, pero sin ninguna experiencia en este tipo de programas.

El lema de César Millán es "Rehabilito perros, entreno personas", ya que, según sus palabras, “en la mayoría de los casos, es la gente la que necesita entrenamiento, no sus mascotas”. Borja Capponi no tiene lema, pero afirma tener un don para entender a los perros, además de basarse en el “método natural”, etiqueta sui generis que carece de toda base científica.

El programa Malas Pulgas tiene una realización nefasta, que muestra imágenes indebidas y totalmente gratuitas -en algunos capítulos parece que el perro sea agredido o ahorcado-. Además, el protagonista es Borja Capponi, no el problema del perro, ya que se desenvuelve delante de la cámara gesticulando exageradamente durante todo el programa, lo que un profesional de la educación canina nunca haría, ya que los movimientos bruscos estresan a cualquier perro.

El gran problema de la educación canina en España, a diferencia de otros países, especialmente los anglosajones, es que no es una profesión reconocida y carece de instituciones del nivel de la internacional Association of Pet Dog Trainers. Por otro lado, para entender el comportamiento animal y evidentemente el canino, existe una ciencia llamada Etología, que aquí es sólo una breve asignatura de Veterinaria y Biología. La pregunta es: ¿De dónde sale Borja Capponi? ¿Cuál es su experiencia demostrable? Es cuando menos sospechoso que en su web (no relacionada con su nombre) no conste su currículum profesional y aparezca en la página principal el video promocional de Malas Pulgas como toda referencia. ¿Cómo ha llegado a presentar un programa de estas características?

La polémica sobre Capponi ha llegado hasta el extremo de que el Grupo de Etología Clínica (GrETCA) de la Asociación de Veterinarios Españoles de Pequeños Animales (AVEPA) hizo público un comunicado (publicado en El Periódico el 20/06/10), donde denunciaba “el nulo rigor de los diagnósticos y tratamientos planteados en el programa provocan una falta de bienestar en los animales debido a que inducen efectos negativos (miedo, dolor, conflicto o frustración)”, que puede derivar en episodios de agresividad de los perros hacia toda persona que intente imitar el método utilizado por Capponi.

El mensaje de este comunicado es muy oportuno, puesto que lo firma una entidad reconocida en el ámbito veterinario, pero, sin embargo, hay algún concepto que conviene matizar, ya que los veterinarios, simplemente por el hecho de serlo, no tienen por qué ser expertos en comportamiento animal. La realidad es que en muchos casos, éstos deben derivar al animal a un educador canino.

Este tipo de programas, mal llamados educativos, carecen del tiempo suficiente para explicar pertinentemente el proceso del tratamiento de cada caso y mucho menos, pueden solucionarlo. No hay que olvidar que todo programa de televisión es un espectáculo destinado a ganar audiencia.

Si algo positivo tienen este tipo de emisiones, es que ponen en la palestra la figura del educador y adiestrador canino, confirmando su existencia como trabajo, pero por otro lado, generan una gran confusión entre el público, ya que se tiende a pensar que cualquier problema de conducta se arregla en 24 horas, “como Borja Capponi en la tele”, en detrimento de la profesión.

Sería deseable que, en un futuro no demasiado lejano, cualquier cadena de televisión que decida emitir un programa sobre la conducta canina se asesorara por profesionales del sector, y empezar así a crear la cultura canina que nos falta. Aunque ya se sabe, el fin justifica los medios y, sobre todo, el éxito de audiencia.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé