MIEDO Y FOBIA

Publicado en animalía nº 216 - Mayo 2009

Tener miedo es normal. De hecho, muchos perros experimentan esa emoción con personas, lugares, objetos o, incluso ruidos. El inconveniente está cuando el miedo es exagerado, lo que se convierte en un grave problema de convivencia tanto para el animal como para sus propietarios.

Según el Diccionario psicológico, el miedo es una “reacción emotiva frente a un peligro reconocido como tal en estado de conciencia”. Es decir, el miedo es una emoción que provoca una respuesta que permite al animal (humano o canino) responder ante situaciones que podrían resultar peligrosas para su supervivencia.

El miedo es una emoción normal, presente, por tanto, en todos los animales, ya que necesitan reconocer los peligros que existen en su entorno. Por lo tanto, la influencia del miedo es casi siempre beneficiosa para la conservación de la integridad del individuo y la especie, porque genera mecanismos de defensa.

Pero el miedo, cuando se manifiesta de forma persistente y desproporcionada hacia un objeto, una situación o actividad específica, da lugar a un deseo irrefrenable de evitarlo definido como fobia.

La fobia significa pánico, y es una patología que suele manifestarse cuando el perro desarrolla un estado de ansiedad ante la aproximación del estímulo que desencadena el terror (por ejemplo, un perro con fobia a los truenos empieza a manifestar un estado de ansiedad mucho antes de que estalle la tormenta, ya que puede prever su presencia).

Tanto el miedo como las fobias son respuestas emocionales que afectan a animales de ambos sexos por igual y pueden manifestarse a cualquier edad.

Todo animal tiende a tener miedo ante cualquier estímulo extraño, por lo tanto, es una reacción habitual. El miedo puede ser innato o aprendido.

El miedo innato a los depredadores, los fenómenos incontrolados de la naturaleza y el fuego está presente en la mayoría de perros y gracias a ello, han sido capaces de sobrevivir desde hace más de 14 000 años. El miedo adquirido aparece tras alguna experiencia traumática que haya podido sufrir el animal durante su vida. Cualquier estímulo que pueda asociar con algo que le ha causado dolor o ha amenazado su integridad, provocará una reacción miedosa. Por ejemplo, la visita al veterinario es, para algunos perros, traumática, porque está asociada al pinchazo de una jeringuilla, algo nada agradable.

En cuanto a las fobias, éstas son siempre adquiridas y causa de un miedo extremo a uno o varios estímulos, siendo muy difíciles de corregir y controlar. Las más frecuentes están relacionadas con los ruidos intensos (truenos o explosiones de petardos), las personas desconocidas (niños o cualquier persona extraña), el agua (miedo a meterse en el agua o al aseo), otros animales (normalmente otros perros), los vehículos (no querer subir al coche o huir de ellos), y lugares o situaciones donde el animal haya tenido alguna experiencia traumática.

Para reconocer si se trata de un perro con miedo o con fobia, la observación del animal es fundamental para un diagnóstico acertado. Los síntomas típicos del miedo son:

- ansiedad
- huida
- ladridos persistentes hacia ningún objeto o sujeto en particular
- salivación excesiva o babeo
- taquicardia

Las fobias se reconocen, además, por unos síntomas añadidos, que son:

- agresividad redirigida
- autolesión
- destrucción de objetos
- huida descontrolada
- micción y defecación incontroladas
- temblores y jadeos

En ambos casos, las técnicas de modificación de conducta utilizadas suelen ser las mismas: desensibilización sistemática, aproximación sucesiva e inundación.

La desensibilización sistemática, es decir, la exposición del animal a un nivel de estímulo inmediatamente inferior al que le produce miedo se utiliza en la mayoría de los casos y es muy efectiva cuando se trata de una fobia.

La aproximación sucesiva es similar, ya que se expone al animal a un nivel muy bajo del estímulo causante del miedo, de manera que no llegue a desencadenarse. Posteriormente se irá incrementando progresivamente el nivel de estímulos hasta la desaparición de la respuesta miedosa.

La inundación consiste en exponer al perro al estímulo problemático a un nivel que induce al miedo hasta que la respuesta al estímulo cese. Esta técnica es sólo recomendable cuando se trata de miedos leves, porque si se aplica en un caso de fobia puede traumatizar doblemente al animal.

En todos los casos, cualquier técnica de modificación de conducta utilizada debe siempre apoyarse en un adiestramiento de condicionamiento inverso o contracondicionamiento, es decir, enseñar al animal una conducta incompatible con la realización de la conducta indeseada. Para ello, en primer lugar, es imprescindible que el perro esté adiestrado en obediencia. Por ejemplo, cuando un perro muestra agresividad por miedo hacia una persona, antes de que ésta aparezca, habrá que ordenarle que se eche, premiándole por ello. Cuando la persona aparece, el perro debe seguir echado, y hay que volver a premiar su conducta obediente. Y así hasta que el miedo desaparezca.

Tanto el miedo como las fobias pueden llegar a ser un grave problema de convivencia, por eso deben ser tratadas por especialistas, tanto un educador canino como un veterinario, y cada caso requerirá un tratamiento específico. A nivel de educación, los miedos, en la gran mayoría de los casos, son reconducibles. El tratamiento farmacológico prescrito por un veterinario es fundamental para algunos tipos de fobias, especialmente las relacionadas con los ruidos intensos.

En todos los casos, es necesario comprender que un perro con miedo es un perro que sufre. Resolver el problema es esencial para que tenga una vida mejor.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé