MI PERRO NO ME ENTIENDE

Publicado en Pelo Pico Pata nº 87 - Enero 2013

Muchas veces pensamos que nuestros perros tienen problemas de comportamiento porque son desobedientes, testarudos y no hacen caso de lo que les pedimos. Pero es posible que la culpa no sea del todo suya. Puede ser sencillamente que no nos entienden. Es normal cometer errores en la relación con los perros, ya que su forma de comunicarse es muy diferente a la nuestra.

El habla es el método más habitual de comunicación entre las personas. Conocemos el significado de miles de palabras e incluso, dependiendo del caso, gracias a la gran riqueza de nuestro vocabulario, expresamos las mismas cosas con distintas palabras. Utilizamos sinónimos, y dependiendo del tono de nuestra voz, una misma frase o palabra puede expresar algo totalmente diferente.

Los perros no hablan. No utilizan el lenguaje oral de la misma manera. Los únicos sonidos que son capaces de producir son ladridos, gemidos, gruñidos y aullidos que, aunque siempre expresan algo y los utilizan como forma de comunicación, no es ni mucho menos comparable a la gran variedad de matices que posee nuestro vocabulario.

Pero nosotros hablamos y hablamos a los perros cometiendo el error de creer que comprenden lo que les decimos. A veces, cuando nuestro can tiene una actitud parecida a la de una persona, nos sentimos orgullosos y presumimos de lo listo que es. Pero otras veces, cuando le decimos algo que queremos que haga y no lo hace, pensamos que es un perro desobediente.

La realidad suele ser otra: el perro no entiende lo que le decimos. Aunque esté atento a nuestras palabras y en otras ocasiones haya comprendido lo que queremos de él, no nos damos cuenta de que para pedirle que haga algo que sabe hacer estamos utilizando otras palabras –desconocidas para el perro- , y damos por sentado que tiene que entenderlas.

¿Cuántas veces hemos dicho el nombre de nuestro perro para que venga sin decirle lo que realmente queremos? Creemos que por pronunciar su nombre nuestra mascota tiene que acudir inmediatamente. Pero no le hemos enseñarlo a hacerlo. La lógica respuesta del perro al oír su nombre será la de girarse y esperar a ver que queremos de él, pero muchas veces no se lo decimos. Los perros no pueden leer los pensamientos. Además, muchas veces utilizamos distintas palabras para el mismo fin y lo único que conseguimos es confundir al animal:

- Queremos que acuda con distintas maneras de llamar al perro: “¡Toby!” “¡Ven aquí!” “¡Toby, ven! “¡Vamos!”

- Queremos que se siente diciendo “sit”, “siéntate”, “sentado”, "sienta"

O algo peor: utilizamos la misma palabra para dos funciones distintas. Por ejemplo: le ordenamos con la expresión “¡Abajo!” tanto si se ha subido al sofá, como si se alza sobre sus patas traseras para saludarnos, o porque queremos que se tumbe en el suelo.

Debemos ser conscientes que los sinónimos, aunque enriquezcan nuestra forma de hablar, no son útiles para “conversar” con el perro.

Los tonos
Aunque para el perro los sonidos de las palabras no están relacionados con su significado, normalmente ajustamos el tono de la voz para comunicar nuestras intenciones.

Habitualmente, cuando nos dirigimos a un perro de forma amistosa solemos hablar con un tono agudo, de falsete, de la misma forma que lo haríamos con un bebé. Los tonos altos hacen que los perros reaccionen bien ante el emisor del mensaje. En parte, porque los perros distinguen el habla dirigido a ellos de otros sonidos y además saben que los tonos bajos –como los gruñidos-  pueden ser una expresión de amenaza. Es por eso que todos los perros acuden mejor y con más rapidez a las llamadas hechas en tono agudo que a las de tono grave.

Por lo tanto, ajustar el tono de nuestra voz cuando nos comunicamos con nuestro perro es muy importante. Es típico escuchar a muchos dueños de perros decirle la misma orden a su perro en varios tonos distintos de forma consecutiva. Algunas personas empiezan con un tono agudo y amistoso que va derivando -dependiendo de si el animal obedece o no- en un tono cada vez más grave y terminando alzando la voz en exceso. Lo que hacen es confundir al perro. Cada palabra con un tono de voz diferente es, para el perro, una palabra diferente. Los perros pueden aprender a entender los sonidos, pero no pueden llegar a captar el significado de las palabras.

Los gestos
Muchas veces, cuando intentamos decir algo a nuestro perro, olvidamos que no sólo las palabras forman parte de la comunicación. Los gestos de nuestro cuerpo, el llamado lenguaje corporal es sin duda alguna, mucho más importante para el animal. El modo en que nos movemos, la mayoría de las veces inconscientemente, puede expresar cosas totalmente opuestas a las que intentamos decir con las palabras.

Un ejemplo de esto podemos verlo cuando llamamos al perro para que acuda a nuestro lado. Es típica la imagen del dueño persiguiendo al perro por todo el parque y llamándole por su nombre. Para el perro, esta situación le indica que ha de seguir adelante mientras su dueño va tras él. Empieza el juego de “corre que te pillo”.

Si observamos atentamente a los perros cuando pretenden que otro les siga o que su dueño acuda, podemos darnos cuenta que su forma de actuar es totalmente diferente, casi opuesta: el perro se aleja un poco y mira, esperando que nos acerquemos y quizá suelte un ladrido; pero pocas veces se dirigirá hacia nosotros para que vengamos. Lo más parecido que hará es acercarse un poco y con su cuerpo y su cabeza nos animará a que le sigamos. Además, cuando vamos hacia el perro, éste suele pensar: “Si ya vienes tú ¿Para qué voy a ir yo?”. Uno de los comportamientos instintivos de los perros es la conducta de seguimiento.

Nuestra mascota no querrá acercarse a nosotros si nos ve con un gesto ofensivo, dominante, casi amenazante: el típico movimiento del cuerpo hacia adelante y la mano moviéndose de arriba abajo señalando nuestros pies. En cambio, si damos unos pasos hacia atrás o nos agachamos cuando le llamamos, el perro verá que nuestra conducta es pacifica, de invitación, más bien defensiva, subordinada, y podremos comprobar que se acercara contento y relajado.

Es muy importante intentar controlar nuestros gestos para comunicarnos con el perro. Lo que transmite nuestro cuerpo no es siempre lo que deseamos; a veces es todo lo contrario.

¿Saludo o amenaza?
Los humanos nos saludamos dirigiéndonos de frente hacia la otra persona, generalmente mirándole a los ojos y ofreciéndole la mano o incluso acercándonos para besarnos o abrazarnos.

Esta forma de saludo, muchas veces la extrapolamos a los perros, conocidos o desconocidos, e incluso cometemos el error de saludar acercando la mano abierta por encima de su cabeza para acariciarle.

Hay que tener en cuenta que el perro nos ve desde una perspectiva diferente: desde abajo y a una persona en posición vertical y, por lo tanto, amenazante. Sólo tenemos que imaginarnos que haríamos nosotros sí, paseando por la calle, un sujeto desconocido de la altura de Pau Gasol lanzara la mano sobre nosotros, desde arriba hasta llegar a frotarnos la cabeza ¿Verdad que nos defenderíamos o saldríamos corriendo?

Observemos como se saludan dos perros desconocidos. Uno de ellos se acercará de lado, nunca de frente, evitando el contacto visual directo y en la mayoría de los casos, sobre todo si no es un perro dominante, se aproximará con la cabeza agachada y se olfatearán mutuamente el trasero. Con esta actuación los canes consiguen la información necesaria para saber cómo proseguir el encuentro.

Hemos de entender las diferencias existentes entre el saludo entre de las personas y los perros. En la comunicación canina mirar fijamente a los ojos es una provocación y si un perro se dirige directamente y de frente hacia otro, este último puede considerarlo como una amenaza.
Para evitar problemas a la hora de saludar a un perro desconocido lo mejor que podemos hacer es:

1.- Preguntar al propietario si podemos saludar al animal y seguir las instrucciones que nos den.
2.- Aproximarse de lado y agacharse ofreciéndole nuestra mano para que la huela.
3.- No acariciarle hasta que el perro se acerque a nosotros a olernos o a establecer contacto.
4.- No mantener contacto visual directo.
5.- Evitaremos abrazarle o tocarle las patas y no alzaremos la mano en ningún momento. Sólo le acariciaremos por debajo de la barbilla suavemente.

Hay que tener en cuenta que la relación con nuestro perro es de mucha confianza, así como entre dos perros amigos de hace tiempo, y seguramente en su ritual de saludo se permitan algunas licencias que no son aceptables en el encuentro con un extraño.

Es tan importante saber comunicarle a nuestro perro lo que queremos de él como entender lo que él nos dice. Nuestra mascota tiene una ventaja. No suele tener nada más que hacer que observarnos durante todo el día. También nosotros podemos aprender su “idioma”.

Educación y adiestramiento canino JR Batallé